PUNGKYONG, LA CAMPANA DE VIENTO

DONDE EL PEZ NADA EN EL CIELO

Podemos tener una idea del auténtico sentimiento norteamericano con la aparición ocasional de una cajita musical en una película de vaqueros. La cajita de música que yace allí sobre el suelo, cerca de una carreta o de una cabaña de troncos que arden. El solitario héroe vaquero se agacha, la levanta, la pone junto a su oído y se siente abrumado por conmovedores recuerdos.
Un análisis del significado contenido en ese sonido producido por la cajita musical nos habla de la naturaleza de esa cultura. Es una cultura de automatización, modelos establecidos de sonidos repetitivos, lo momentáneo del sonido que se detiene en el tiempo. A esta cultura le gustan los aparatos que reflejan el espíritu práctico de la vida mundana, que puede apreciarse en artefactos como el estuche de cosméticos que produce música cuando se abre su tapa. Todos estos elementos incorporan la naturaleza del sonido producido por la cajita de música, y apuntan directamente a las inclinaciones culturales de Occidente.
Si hubiéramos de sugerir algo en Corea que despertase emociones similares a aquellas que despierta la cajita musical en el vaquero, tendría que ser la campana de viento. Pero la campana de viento nos manifiesta algo diametralmente opuesto a la cajita de música. Primero, la contraparte de la campana de viento de la calidad mecánica hecha por el hombre de la cajita musical es el viento de la naturaleza enviado por el cielo. La campana de viento no posee ese mecanismo que se esconde dentro de la cajita de música. La campana de viento produce su sonido no con la fuerza provista por la cuerda que se le da, sino con la del viento. Es por ello que la campana de viento no es usada dentro de una casa o en una caja, donde no hay movimiento de aire, sino que está colgada afuera de la esquina del techo.
Otra diferencia está dada por la canción repetida producida por la cajita musical. La cajita de música suele ser usada como un accesorio de escenario en escenas de recuerdo del pasado debido a que la melodía familiar produce una respuesta condicionada. El sonido de la campana de viento es monótono, pero debido a su amplitud y a que el tono de las notas que emanan de ella depende de la fuerza del viento, no hay modelos redundantes. Produce un efecto no de repetición, sino de eventos individuales sucesivos, dado que el viento no sopla igual dos veces.
La tercera diferencia es que la campana de viento no necesita que le den cuerda. Cada vez que el viento sopla, suena, a diferencia de la cajita musical, que se detiene cuando se le acaba la cuerda.
Finalmente, la campana de viento nunca sería considerada un artículo de uso práctico. Su aspecto distintivo es que no tiene nada que ver con la realidad de la vida diaria. Un pez de metal chato para atrapar el viento cuelga del palmoteador de la campana de viento. He aquí un pez, que normalmente nada bajo el agua, moviendo ahora sus aletas en el cielo azul. Mientras posamos la mirada en él nos hallamos en un ensueño surrealista. Otro aspecto inusual sobre este pez es que los peces no cantan, como hacen los pájaros. Pero este pez que nada en el aire canta como un jilguero.
Por eso el lugar donde la campana de viento suena tiene las tonalidades del agua azul del palacio acuático del Rey Dragón. Es un lugar en el que los peces y los pájaros rompen las barreras del viento y ondean en su estancia cerca del alero del techo. Esta es la inclinación cultural del coreano, la imagen y el sonido de sus sentimientos.

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