Desde antiguo, cada vez que las mujeres coreanas vestían un hanbok, el traje tradicional coreano, el mismo estaba adornado sin falta con un norigae, un tipo de accesorio colgante hecho con nudos. Las mujeres de todas las clases sociales apreciaban mucho el norigae, incluyendo a las que pertenecían a la realeza y a la aristocracia (yangban), y a las plebeyas. Elaborados norigae, con grandes adornos, eran lucidos para las ceremonias de la corte real y las celebraciones familiares, en tanto que los eventos menos formales requerían versiones más simples. Los norigae considerados como tesoros solían ser pasados de madre a nuera, como preciosas joyas de familia.

Las evidencias de accesorios parecidos a los norigae se remontan a la Nueva Edad de Piedra ("New Stone Age"), cuando servían como talismanes para alejar el mal y como símbolos de buena fortuna. Durante varios períodos de la historia coreana, los adornos de norigae simbolizaron el deseo de quien los lucía de lograr la felicidad y la plenitud. Por ejemplo, los adornos con forma de pescado eran asociados a la fertilidad y la abundancia. Los norigae con ornamentos en forma de berenjena, que representaban al órgano masculino, solían ser prendidos a la ropa interior con el deseo de que quien los llevaba concibiera a un hijo varón. Se decía que un norigae con forma de uva expresaba el anhelo de que los miembros de la familia viviesen juntos, en paz y armonía. Y un norigae con un adorno en forma de loto, un símbolo tradicional de pureza, reflejaba un compromiso de llevar adelante una vida recta, incluso bajo circunstancias difíciles.

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