Antes de la modernización de Corea, un hwaro (brasero) era como tener un sol propio dentro de la casa. No sólo era cómodo para encender fuego, como un fósforo o un encendedor, sino que también era un implemento cotidiano que era utilizado para proveer calor dentro de los hogares. Hasta la década de 1960, el brasero era algo que se veía habitualmente en los hogares rurales, y era un elemento diario necesario que era capaz de hacer que el hogar fuera más cálido y reforzaba los lazos familiares.

Temprano por la mañana, las madres solían reunir las ascuas que quedaban en la chimenea y las mezclaban con el carbón encendido y las cenizas del brasero, a fin de que cuando los miembros de la familia tomaran un descanso de su trabajo afuera, pudiesen entrar en la casa para calentarse junto al brasero. Los abuelos solían usarlo para encender un cigarrillo, mientras que las madres planchaban cuellos o ropa arrugada con una pequeña plancha que había sido calentada colocándola sobre los ardientes trozos de carbón del brasero.

En noches invernales en que nevaba, las abuelas solían contarles a sus amados nietos viejas historias, mientras tostaban castañas o batatas en el brasero, sin notar lo tarde que se había hecho. Sin embargo, el brasero cayó en desuso con la aparición de las estufas eléctricas y los sistemas de calefacción modernos, desde principios de la década de 1970. Pero no sin dejar tras de sí entrañables recuerdos sobre el reconfortante calor y la acogedora calidez que les ofrecía a muchos en las noches de invierno.

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