ANTIGUA IMPRENTA METALICA DE COREA INTRIGA AL MUNDO

Los templos budistas no suelen ser considerados como semilleros de innovación tecnológica, ni las monjas suelen ser elogiadas como campeonas de la tecnología avanzada.


Sin embargo, en el Templo de Heungdeok de Corea, en 1377, un grupo de monjes budistas desafió esa suposición produciendo lo que ha sido reconocido como el libro impreso con tipos metálicos móviles ("movable metal types") más antiguo del mundo.


El pequeño templo ya no existe hoy, pero su legado del precioso libro "Jikji" continúa fascinando al mundo, debido a que precede en el tiempo a la Biblia de Gutenberg en casi 80 años en términos de cómo fue producido.



La imprenta de tipos metálicos móviles, a la que muchos historiadores le han conferido el mérito de revolucionar la forma en la que la gente pudo publicar y difundir sus conocimientos e ideas, desempeñó un rol clave en conducir al inicio de la edad moderna.


Dicha imprenta les permitió a los europeos producir en masa libros a precios accesibles y puso fin al acceso exclusivo a la Biblia que poderosos sacerdotes medievales tenían hasta la década de 1450.


"El trabajo de Gutenberg con tipos metálicos móviles tuvo enormes consecuencias en la historia de Occidente, a una escala comparable a la revolución digital de hoy", señaló Heinz-Dieter Kittsteiner, un profesor de historia moderna europea en la Universidad de Frankfurt. "Muchos dirían que incluso dio inicio al Renacimiento".


Si la Biblia de Gutenberg ayudó a derribar las barreras sociales y condujo a un importante alzamiento en Europa, el Jikji se centró principalmente en las enseñanzas del budismo Zen, que apuntan a superar la angustia psicológica humana y a alcanzar la libertad interior.


"Su mensaje básico es simple: libera tu mente del estatus social y la agonía, y encontrarás tu
verdadero ser en tu interior", dijo Seong-hae, un monje maestro de la Orden de Jogye del budismo coreano, con sede en Seúl.


El Jikji, que significa: "apuntar hacia la dirección correcta", fue impreso originalmente en dos volúmenes, pero hoy sólo se conserva el segundo volumen y está guardado en la Biblioteca Nacional de Francia.


Se cree que fue llevado a París por un diplomático y editor francés, Collin de Plancy, que vino a Corea en 1886, luego de que ambos países forjaran un acuerdo comercial.


Después de reaparecer en una feria internacional del libro en Francia en 1972, la obra atrajo la atención global, impulsando a los expertos a reescribir la historia de la imprenta. Ello alentó finalmente a la UNESCO, con sede en París, a designar al Jikji como una "Memoria del Mundo" ("Memory of the World") en 2001, un programa destinado a preservar y difundir el patrimonio documental fundamental del mundo.


"Sorprendió al mundo, porque nadie pensaba que un oscuro país del Lejano Oriente habría desarrollado la imprenta metálica mucho antes que Gutenberg", señaló Yoo Chang-jun, un editor senior de la Asociación de Editores de Corea ("Korean Printers Association"), en Seúl.


La impresión del Jikji no habría sido posible sin la ayuda financiera y espiritual de una monja llamada Myo-deok, de la cual los historiadores dicen que se cree que se volcó hacia el budismo, tras sentirse desilusionada con su vida en la corte real de la Dinastía Goryeo.


"Es interesante que una monja estuviera detrás de uno de los avances más revolucionarios del mundo", indicó Lee Se-lyoul, un experto en historia de la Universidad de Jooseong, en Cheongju. "Los documentos muestran que ella se dedicó a varias actividades de impresión independientes, que habrían sido imposibles sin su riqueza e influencia".


La tecnología de la imprenta metálica móvil de Corea fue creada en un momento en el que las invasiones de los mongoles arrasaban la nación, destruyendo muchos de los legados de la Dinastía Goryeo, incluyendo su imprenta tradicional de bloques de madera.


No obstante ello, a pesar del entorno regional hostil, Corea logró mantener intacta su avanzada tecnología de impresión y continuó publicando libros y documentos considerados esenciales para su patrimonio cultural y espiritual, señaló Ra Kyoung-jun, un curador del Museo de Primera Imprenta de Cheongju ("Cheongju Early Printing Museum").


"El hecho de que incluso un pequeño templo estuviera publicando libros con imprenta metálica móvil indica que la tecnología ya estaba ampliamente difundida por toda la nación", indicó.


Eva Hanebutt-Benz del Museo Gutenberg en Mainz, Alemania, incluso sugirió que la tecnología de imprenta coreana que estaba detrás del Jikji podría haber influído en Europa y en Gutenberg mismo.


"Los historiadores se han preguntado respecto a la posible influencia de Oriente en la invención de la imprenta en Alemania, y los kanatos mongoles se extendían desde Corea hasta Europa", indicó ella. "Por eso es posible que el conocimiento de la invención llegara hasta Europa, aunque no hay evidencia hasta ahora para corroborar esto".


Como consecuencia de la importancia histórica del Jikji, la UNESCO estableció un "Premio de Memoria del Mundo UNESCO/Jikji" ("UNESCO/Jikji Memory of the World Prize") en 2004. El premio bianual es otorgado a individuos o grupos que han hecho contribuciones significativas para la preservación y asequibilidad del patrimonio documental.


En junio de 2007, la Academia de Ciencias de Austria, con sede en Viena, recibió el premio de U$S 30.000 por su compromiso con la preservación de archivos de investigación audiovisuales, según anunció el sitio Web de la UNESCO.

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