Cultura

17.02.2026

 El 12 de febrero, en vísperas del Año Nuevo Lunar, un niño lanza un enorme palo de yut en el espacio de juegos tradicionales de un café infantil en el distrito de Gangdong-gu, en Seúl.

El 12 de febrero, en vísperas del Año Nuevo Lunar, un niño lanza un enorme palo de yut en el espacio de juegos tradicionales de un café infantil en el distrito de Gangdong-gu, en Seúl.


Por Angie Hong
Fotografías: Lee Jeong Woo


"¡Abuelita, tú primero!"

Así resonó la cálida expresión de una niña que, el 12 de febrero, jugaba con su familia en la sección de juegos tradicionales de un café infantil del distrito de Gangdong-gu, en Seúl.

Vestida con un delicado hanbok, el traje tradicional coreano, la pequeña cedió su turno a su abuela mientras compartían una partida de yutnori, el juego ancestral en el que los participantes lanzan cuatro palos de madera para avanzar sus fichas. El gesto, tan espontáneo, dibujó sonrisas entre los presentes, conmovidos por aquella escena de cortesía y afecto.

A su alrededor, otros niños irradiaban entusiasmo. Algunos intentaban dominar los enormes palos de yut, casi de su misma estatura; mientras otros probaban su puntería lanzando flechas en el tuho. En sus miradas se entrelazaban la concentración y la alegría, la seriedad del juego y la vitalidad propia de la infancia.

El Año Nuevo Lunar es una celebración profundamente significativa en Corea: un tiempo en el que las familias se reúnen para desearse salud y prosperidad. En ese ambiente acogedor, los juegos tradicionales cobran un valor especial. Para los niños de hoy (tan familiarizados con las pantallas y la inmediatez digital), representan una oportunidad única de descubrir, a través del juego compartido, el sentido de la solidaridad, el compañerismo y el respeto por las reglas.


El 12 de febrero, vísperas del Año Nuevo Lunar, varios niños disfrutan junto a sus familias de juegos tradicionales como jegichagi y tuho en un café infantil del distrito de Gangdong, en Seúl.

El 12 de febrero, en vísperas del Año Nuevo Lunar, varios niños disfrutan junto a sus familias de juegos tradicionales como el yutnori y el tuho en un café infantil del distrito de Gangdong, en Seúl.



◇ Un corazón cálido que florece en las miradas que se encuentran

Ese día, los padres que acudieron al lugar coincidieron en algo esencial: la mayor riqueza de los juegos tradicionales es la conexión que despiertan entre padres e hijos. A diferencia del mundo detrás de las pantallas de los teléfonos móviles, estas experiencias permiten sentir algo mucho más real y cercano: la calidez humana.

Al jugar al yutnori, los niños interactúan con sus familiares, los miran a los ojos, escuchan con atención sus voces y aprenden, casi sin darse cuenta, a expresar lo que sienten. Un gesto, una sonrisa o una exclamación pasan a formar parte de una conversación viva. Reír juntos, celebrar un avance o lamentar una jugada no es solo parte del juego, sino una manera sencilla y profunda de comunicarse.

El tablero se convierte también en una pequeña escuela emocional. Cuando una jugada pone fin a la partida, no todo termina en frustración: surge la oportunidad de sonreír y decir con ánimo: «¡Vamos a intentarlo otra vez!». Así, los niños aprenden a afrontar los tropiezos, a esperar su momento y a mantener una actitud positiva.

Además, al analizar en equipo cuál es la mejor jugada, compartir ideas y elaborar estrategias, fortalecen su capacidad de reflexión. Y mientras se mueven con entusiasmo —no solo con los dedos, sino con todo el cuerpo—, obtienen un beneficio adicional: cuidar y fortalecer su salud de manera natural, a través del juego compartido.

El 12 de febrero, en vísperas del Año Nuevo Lunar, una madre y su hija comparten un momento de unión frente al árbol de los deseos en la sección de juegos tradicionales de un café infantil en el distrito de Gangdong-gu, en Seúl, reflejando la conexión que los juegos tradicionales crean entre las familias.style=

El 12 de febrero, en vísperas del Año Nuevo Lunar, una madre y su hija comparten un momento de unión frente al árbol de los deseos en la sección de juegos tradicionales de un café infantil en el distrito de Gangdong-gu, en Seúl, reflejando la conexión que los juegos tradicionales crean entre las familias.



◇ Jugar juntos es el mejor regalo del Año Nuevo Lunar

En estas festividades, puede que el aprendizaje más valioso para los niños no sea otra que "pasar tiempo jugando en familia". Cuando los adultos dejan a un lado la intención de enseñar algo de manera estricta y, en cambio, son los primeros en abrir el tablero y sumarse al juego, el cariño y la consideración surgen de manera natural.

Aprender a esperar el turno con serenidad, animar de corazón al propio equipo y respetar los acuerdos establecidos entre todos son experiencias que iluminan el carácter de los niños y fortalecen su forma de relacionarse con los demás.

En estas fiestas, ¿qué tal si tomamos a los hijos de la mano y extendemos el tablero de yutnori en la sala? Compartir buenos deseos y reír juntos alrededor de una partida podría convertirse en un recuerdo mucho más cálido y significativo que recibir cualquier regalo, una memoria de amor que quedará grabada en sus corazones mucho después de que termine la celebración.

shong9412@korea.kr