Cultura

30.07.2026

Los participantes recorren el 27 de julio los túmulos de Marisan, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do.

Los participantes recorren el 27 de julio los túmulos de Marisan, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do.



Por Margareth Theresia
Fotografías: Park Daejin


"¡Vaya, es realmente sorprendente! No sabía que existía un lugar así en Corea".

Esta fue la espontánea exclamación de un visitante extranjero al contemplar el majestuoso paisaje que se desplegaba ante sus ojos durante su visita a los túmulos de Marisan, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do.

Impresionados por este entorno, un grupo de 60 participantes emprendió el "Recorrido por los Túmulos de Gaya" para conocer de cerca los vestigios de este antiguo reino.

Pese al sol abrasador y a la alerta por ola de calor, el entusiasmo del grupo no decayó al dirigirse hacia su primer destino: el Museo de Haman. Inaugurado en 2003, este espacio exhibe las piezas desenterradas hasta la fecha en los túmulos de Marisan, ofreciendo una visión integral de la historia local. Luego, los visitantes se trasladaron a la Sala de Exhibiciones de los Túmulos de Marisan, donde profundizaron con detenimiento en la relevancia arqueológica de este enclave declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

Entre los asistentes, Tarisi Vunidilo, profesora de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés) y originaria de Fiyi, no podía apartar la mirada de los túmulos ni de las piezas cerámicas. Como arqueóloga de profesión, la especialista comentó que al ver la cerámica se acordó de su tierra natal, y añadió: "Fue un momento muy conmovedor, como si la cerámica conectara a Fiyi y a Corea en una misma historia".

Los participantes caminan a lo largo de la cresta de los túmulos de Marisan, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do, el 27 de julio.

Los participantes caminan a lo largo de la cresta de los túmulos de Marisan, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do, el 27 de julio.



Los túmulos de Gaya son un bien en serie compuesto por siete grupos de montículos de tierra y piedra, que representan la rica historia y la antigua civilización del reino de Gaya (42–532 d. C.), la cual gobernó la parte meridional de la península coreana desde el siglo I hasta mediados del siglo VI. Reconocidas por su perdurable valor histórico, estas tumbas fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco en 2023.

Entre ellas, los túmulos de Marisan en Haman son considerados un emblema icónico de Ara Gaya, una ciudad-estado de la confederación con sede en el condado de Haman-gun, y albergan un conjunto de tumbas destinadas a la familia real y a la aristocracia. El lugar ofrece una vista espectacular en la que suaves colinas, situadas a una altitud de entre 40 y 70 metros sobre el nivel del mar, se extienden delicadamente a lo largo de unos 2 kilómetros de norte a sur.

Tras finalizar su recorrido por la exposición, el grupo se trasladó a las tumbas nº 2 y nº 3 del yacimiento de Marisan. Al contemplar de cerca estas últimas moradas de los antiguos reyes, con su historia conservada de forma intacta, los participantes expresaron su profunda admiración y asombro.



La foto muestra las antorchas de papel encendidas en el Festival Haman Nakhwanori, celebrado el 27 de julio, en el pabellón Mujinjeong, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do.

La foto muestra las antorchas de papel encendidas en el Festival Haman Nakhwanori, celebrado el 27 de julio, en el pabellón Mujinjeong, en el condado de Haman-gun, provincia de Gyeongsangnam-do.


Tras finalizar el recorrido, los participantes se dirigieron a un centro de aprendizaje para experimentar otra de las grandes tradiciones del condado de Haman-gun: el Festival Haman Nakhwanori. La primera actividad consistió en elaborar los nakhwabong (antorchas de papel); para ello, trenzaron con delicadeza papel tradicional hanji relleno de carbón en polvo, escribieron en ellos sus deseos y los colgaron en las cuerdas.

Al caer el atardecer, el grupo se trasladó a las orillas del estanque Mujinjeong. En cuanto los miembros de la Sociedad para la Conservación del Nakhwanori de Haman encendieron las antorchas, un resplandor carmesí comenzó a danzar en la penumbra.

Miles de chispas cayeron sobre el estanque como una auténtica lluvia de fuego. Este espectáculo pirotécnico tiñó de un mar rojo tanto el cielo nocturno como la superficie del agua, ofreciendo un broche de oro deslumbrante para cerrar el recorrido.

margareth@korea.kr