Panorámica de los petroglifos de Bangudae en Daegok-ri, en el condado de Ulju-gun, en la ciudad de Ulsan.
Por Lee Jihae
Fotografías: Park Daejin
Al caminar por el sendero que bordea el arroyo Bangucheon, en Ulsan, se imponen dos grandes murales de roca sobre los acantilados que han resistido el paso de los siglos. A través del telescopio del mirador, las huellas cobran vida: se trata de los petroglifos de Bangudae, en el pueblo de Daegok-ri, un registro tallado con herramientas líticas hace unos 7.000 años, mucho antes de la invención de la escritura.
El pasado 8 de septiembre, Korea.net visitó este lugar histórico, el 17º sitio de Corea inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Bajo el nombre de Petroglifos del arroyo Bangucheon se reúnen dos grandes paneles descubiertos de forma consecutiva: el de Cheonjeon-ri, hallado el 24 de diciembre de 1970, y el de Bangudae (Daegok-ri), localizado justo en la Navidad del año siguiente.
El sitio de Cheonjeon-ri conserva grabados de la Edad del Bronce e inscripciones del antiguo reino de Silla (57 a. C.–935 d. C.), fusionando milenios de historia en un mismo espacio. Aunque la construcción de la presa Sayeon provocó en su momento que gran parte de los grabados quedara sumergida, el control del nivel del agua y los esfuerzos de conservación han permitido preservar su forma original hasta hoy.
Petroglifos de Bangudae en Daegok-ri, en el condado de Ulju-gun, en la ciudad de Ulsan.
Más abajo, a lo largo del arroyo, el mural de Bangudae despliega 312 figuras sobre una pared de 8 metros de ancho por 4,5 metros de alto, centradas principalmente en la vida cotidiana, la caza y la pesca durante el Neolítico.
La foto muestra algunas de las figuras inscritas en los petroglifos de Bangudae en Daegok-ri, en el condado de Ulju-gun, en la ciudad de Ulsan. En el panel conviven con minucioso detalle animales marinos como tortugas y ballenas con especies terrestres como leopardos y leones.
En este lienzo de piedra, tigres, ciervos y jabalíes comparten protagonismo con tiburones, tortugas e innumerables cetáceos. Al menos siete especies de ballenas están retratadas con una exactitud morfológica asombrosa, convirtiendo el panel en un auténtico relato visual: se observa desde la búsqueda y la caza de ballenas en botes con arpones hasta el desembarco, despiece y distribución de las presas. Esta secuencia demuestra la existencia de una comunidad con técnicas organizadas y avanzadas de caza marina desde tiempos prehistóricos.
El yacimiento documenta también la captura terrestre de jabalíes y ciervos con lanzas o lazos, y el uso de redes para atrapar tigres. La presencia de chamanes danzando y escenas rituales refleja además el mundo espiritual de la época, con ceremonias dedicadas a pedir éxito en las expediciones o celebrar una buena captura.
Los petroglifos de Bangucheon ofrecen una ventana única al pasado remoto del país, consolidándose como el testimonio prehistórico más singular de Corea reconocido por la comunidad internacional.
jihlee08@korea.kr