Demostración del proceso de xilografía para elaborar las nuevas planchas de la Tripitaka Coreana. | Templo Haeinsa
Por Oh Jung Eun
Por cada carácter grabado en las planchas de madera se realizaban tres reverencias. Esa misma devoción con la que los antepasados oraban hace 800 años volvió a cobrar vida el 29 de octubre en el templo Haeinsa, situado en el condado de Hapcheon-gun, en la provincia de Gyeongsangnam-do.
Allí tuvo lugar la ceremonia gobulsik, el acto ritual con el que la comunidad notifica formalmente a Buda el comienzo de la regrabación de la Tripitaka Coreana, la monumental obra que compila las enseñanzas, preceptos y comentarios del canon budista.
Las planchas custodiadas en Haeinsa fueron talladas en el siglo XIII, durante la dinastía Goryeo (918-1392), con el anhelo de repeler las invasiones mongolas mediante la fuerza de la fe budista. Pese a sumar 81.352 bloques de madera, el texto apenas contiene erratas y destaca por la sublime belleza de su caligrafía y su virtuosismo artístico. En reconocimiento a su valor universal, la Unesco inscribió la colección en el Registro de la Memoria del Mundo en 2007, mientras que los pabellones de Janggyeong Panjeon, donde se preservan los bloques originales, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1995.
La iniciativa de recrear este tesoro histórico parte de un paralelismo con el presente: responder a desafíos globales como la crisis climática, los conflictos armados o la rápida expansión de la inteligencia artificial (AI) con el mismo fervor espiritual con el que se talló la obra original hace ocho siglos.
Durante una rueda de prensa, el venerable Haeil, monje abad del templo, recalcó la importancia de preservar el espíritu detrás del proyecto.
"Con la tecnología de impresión 3D se pueden elaborar planchas con más de un 95 por ciento de precisión y gran belleza estética, pero ¿qué sentido tendría hacer 80.000 o incluso 80 millones de bloques de madera si carecen de sinceridad?", cuestionó.
"La Tripitaka Coreana original se talló durante las invasiones mongolas a partir de un profundo sentido de entrega y un auténtico anhelo de proteger el porvenir de la nación y de su pueblo. Mantener vivo ese mismo espíritu de devoción en la actualidad resulta fundamental".
Caracteres tallados a mano en las planchas de la Tripitaka Coreana. | Templo Haeinsa
En consonancia con este compromiso, el proceso de grabado respetará estrictamente los métodos tradicionales. Los análisis científicos realizados a fragmentos desprendidos de los bloques originales revelaron que cerca del 75 por ciento corresponde a madera de cerezo silvestre y un 15 por ciento a peral silvestre.
Hasta el momento, el templo ha recibido donaciones de 320 toneladas de madera de cerezo silvestre. En cuanto al peral silvestre, gracias al respaldo del Servicio Forestal de Corea (KFS, por sus siglas en inglés), el año pasado se plantaron 2.000 plantones, a los que se sumarán entre 1.000 y 2.000 ejemplares cada año.
Esta fidelidad histórica también se aplicará al tratamiento de la madera. En la antigüedad, los troncos se sumergían en agua de mar durante tres años para protegerlos de insectos y evitar deformaciones o grietas. Haeinsa revivirá esta técnica de forma íntegra: construirá un depósito de agua salada de unos 660 metros cuadrados cerca de la costa para tratar unas 50 toneladas de madera en bruto a lo largo de un trienio. Asimismo, habilitará un estanque de agua dulce de unos 330 metros cuadrados junto a un valle cercano para comparar y contrastar científicamente los efectos de ambos métodos.
De forma complementaria, el proyecto incorporará tecnologías actuales como el secado por infrarrojos para optimizar la durabilidad y conservación de las futuras planchas.
Planchas de la Tripitaka Coreana almacenadas en las estanterías de los pabellones de Janggyeong Panjeon del templo Haeinsa, situado en el condado de Hapcheon-gun, provincia de Gyeongsangnam-do. | Templo Haeinsa
Más allá de la rigurosa preparación de los materiales, la formación de nuevos artesanos constituye la piedra angular para garantizar la continuidad de este legado milenario. Con este fin, el templo Haeinsa fundó en 2024 una escuela de grabado tradicional que ya cuenta con cinco promociones. Unas 670 personas, entre monjes y laicos, aprenden las técnicas ancestrales bajo la tutela de maestros, reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial tanto a nivel nacional como provincial.
El programa educativo, de cinco años de duración, es completamente gratuito. Entre los matriculados figuran monjes foráneos, y las aulas permanecen abiertas a cualquier persona extranjera interesada en dominar el oficio. La meta del templo es formar a 300 especialistas, de los cuales se calcula que cerca de un centenar participará de forma directa en el tallado de las planchas definitivas.
Asimismo, con el propósito de garantizar la enseñanza continua y el ritmo constante de elaboración de los bloques, el templo prevé construir la denominada "Ciudad de la Tripitaka" sobre un terreno propio de unos 330.000 metros cuadrados. Este complejo dispondrá de instalaciones residenciales y comedores con capacidad para albergar a los futuros especialistas, lo que les permitirá vivir en el recinto y consagrarse por completo al grabado.
Una multitud de fieles budistas y visitantes asiste el 29 de octubre a la ceremonia gobulsik, que da inicio al proyecto de regrabación de la Tripitaka Coreana, en el templo Haeinsa, situado en el condado de Hapcheon-gun, provincia de Gyeongsangnam-do. | Oh Jung Eun
Entre los alumnos destaca Woo Cho-hyun, director de una escuela primaria en Changwon en la provincia de Gyeongsangnam-do, quien descubrió el proyecto mientras planificaba su jubilación.
"Sentí que sería una forma sumamente valiosa de enfocar mi retiro, así que decidí consagrarme a aprender este oficio", explicó Woo, señalando que actualmente le toma alrededor de un mes completar el tallado de una sola plancha.
La colosal labor de regrabar la Tripitaka Coreana, estimada entre 50 y 100 años de ejecución continua, requerirá una inversión de entre 3 y 5 billones de wones financiada en su totalidad con recursos propios del templo.
Con este primer paso formal, la comunidad revive el valor de la devoción en tiempos convulsos, salvaguardando para las futuras generaciones la rica tradición xilográfica del país y la esencia espiritual que la vio nacer.
cloveroh@korea.kr