La foto muestra la entrada del 18.º Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk.
Por Jeong Euiseok
Fotografías: Jeong Euiseok
Hacia el mediodía del 7 de junio, en la salida 6 de la estación Hansung University, en el distrito de Seongbuk-gu de Seúl, el ambiente bullía con la multitud que acudía al Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk.
El festival, que este año celebra su 18.ª edición, es el festival de diversidad cultural más representativo del distrito de Seongbuk-gu. El evento integra de forma natural en su programa una de las características de la zona de Seongbuk-dong: la alta concentración de embajadas y residencias diplomáticas. En esta edición, en la que distintos países presentaron su gastronomía y cultura tradicionales, participaron las embajadas de 26 países, la mayor cifra hasta la fecha.
Las banderas de distintos países ondean en el camino hacia el festival (izquierda). A la hora del almuerzo, el recinto ya estaba abarrotado de visitantes (derecha).
En el camino hacia el festival, las banderas de varios países como Austria, Angola y Azerbaiyán ondeaban al viento, creando un ambiente festivo y exótico. Al cruzar la entrada, la calle cerrada al tráfico era un auténtico mar de gente que acudía a disfrutar del evento.
Los vistantes pedían comida de puestos de comida de varios países y la disfrutaban en las zonas de descanso instaladas en el recinto.
Por todo el recinto había zonas de descanso para comer o reposar, aunque resultaba difícil encontrar un sitio libre. Entre los visitantes que acudían en familia se veían escenas entrañables de quienes extendían una manta para comer con sus hijos la comida pedida.
Este Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk se llenó de variados programas, entre ellos las secciones de cocineros del mundo (comida de las embajadas), mejores cocineros de Seongbuk (comida de establecimientos locales) y cocineros de la convivencia (zona especial de gastronomía climática), además de desfiles, espectáculos y experiencias culturales.
En la parte interior del recinto, donde se ubicaban los puestos de comida de las embajadas, se mezclaban los aromas característicos de cada país con el bullicio de los visitantes, hasta crear la ilusión de haber entrado en un exótico mercado nocturno extranjero.
Entre los países participantes destacaba Cuba, que estableció relaciones diplomáticas con Corea en 2024. Pan, limonada y zumo de piña colada: quise pedirlos por curiosidad, pero ya estaban agotados, prueba de su gran popularidad. A mi pesar, no me quedó más remedio que dirigirme a otro puesto.
En esta edición del Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk, todos los pedidos se realizaron mediante código QR. A la derecha, el set de fideos tandoori y el mango lassi pedidos por el reportero.
Este festival estrenó por primera vez un sistema de pedidos y pagos basado en códigos QR. Basta con escanear el código QR con el teléfono móvil, elegir el establecimiento y el plato, verificar el número de teléfono y pagar. Como también se mostraba el número de espera, no era necesario hacer largas colas.
Pedí el set de fideos tandoori, que parecía especialmente popular. Debido a la avalancha de pedidos, tuve que esperar unos 30 minutos para recibir la comida. Los fideos, de sabor a la vez algo untuoso y dulce, se dejaban comer sin pesadez. Combinaban bien con el pollo tandoori, ligero y de buena textura. El mango lassi que pedí como bebida sabía a un yogur de mango dulzón y no demasiado espeso.
Tampoco hubo precios abusivos. Para reducir la carga económica de los visitantes, la organización aplicó un límite de precios que permitía disfrutar de todos los platos por menos de 8.000 wones. Por respeto al medio ambiente, la comida se servía en recipientes reutilizables que, una vez terminada la comida, se devolvían en los puntos de recogida instalados en los alrededores.
En el 18.º Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk se instalaron puestos de caricaturas y de venta de diversos accesorios (arriba). En el escenario principal se sucedieron espectáculos variados como conciertos de orquesta y números de ballet (abajo).
Aunque al tratarse de un festival gastronómico el foco estaba en la comida, también abundaban las actividades para satisfacer los cinco sentidos. El puesto de caricaturas, la zona de prueba de trajes tradicionales del mundo y el mercado de accesorios con los rasgos característicos de cada país atraían la atención de los visitantes. Curiosear entre los artículos resultaba todo un placer.
En el escenario del recinto se sucedieron a lo largo del día actuaciones de breakdance, orquesta y ballet, que llevaron el ambiente festivo a su punto culminante. Durante el espectáculo de ballet se habilitó una sección en la que los visitantes podían imitar los movimientos, fundiendo así festival y público en uno solo.
Un escenario donde se entrelazan la gastronomía y la cultura del mundo, el Festival Mundial de Gastronomía de Seongbuk es ya, con todo merecimiento, un festival local de alcance global.
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