Por la reportera honoraria Katherine Paola Guzman Avila de Colombia
Fotografías: Paola Guzman Avila
Leyendo 'Correr es divertido' con mi hijo, aprendimos una valiosa lección: el esfuerzo constante es más valioso que cualquier premio.
El Día del Niño en Colombia es una oportunidad para rendir homenaje a los más pequeños del hogar. Aunque tradicionalmente se celebra con actividades lúdicas, este año decidí hacerlo de una manera diferente con mi hijo: a través de la lectura de cuentos coreanos. Fue una forma especial de acercarnos no solo como madre e hijo, sino también a la cultura familiar de Corea, donde esta fecha también tiene un profundo significado.
El Día del Niño se celebra en Corea cada 5 de mayo. Fue instaurado oficialmente en 1923 por el activista y escritor Bang Jeong-hwan, quien promovió los derechos de los niños y defendió que debían ser tratados con respeto como individuos. Actualmente, es una jornada en la que padres e hijos comparten tiempo de calidad, visitando parques, museos, acuarios o espacios naturales, con entradas gratuitas y espectáculos especiales para los más pequeños. Pero más allá de las actividades, lo que destaca es la atención y cariño que las familias coreanas brindan a sus hijos, generando recuerdos inolvidables.
Inspirada por ese espíritu, decidí regalarle dos libros de cuentos infantiles coreanos: "Correr es divertido" y "El comelón Yamu". En el primero, mi hijo descubrió que correr no siempre es para ganar, sino para disfrutar el camino. En el segundo, aprendimos juntos sobre el valor de compartir y no dejarse llevar por la gula. Las ilustraciones lo atraparon de inmediato y mientras le leía, sus preguntas no paraban. Tanto así, que debo leérselos cada noche. Estos cuentos han despertado su curiosidad, su deseo de aprender una cultura nueva y, poco a poco, hasta un interés por el idioma coreano.
Mi hijo disfrutando las ilustraciones de los libros coreanos, ahora sueña con viajar a Corea y aprender su idioma.
A través de las ilustraciones, mi hijo descubrió una cultura diferente, y al mismo tiempo, comprendió que hay emociones universales: la alegría de jugar, la curiosidad, el deseo de aprender y el cariño de la familia. Como en Corea, aquí también creemos que el mejor regalo es pasar tiempo con quienes amamos.
Ese día no hubo globos ni dulces en exceso, pero hubo algo mejor: un momento de conexión. Porque leer con nuestros hijos es regalarles un pedacito de nosotros, y si ese regalo también los acerca a otras culturas, el corazón se ensancha aún más. Quizás el próximo año celebremos con nuevos cuentos, o incluso con una historia creada entre los dos.
kimhyelin211@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.