Por la reportera honoraria
Adriana Goncalves de
Portugal
Hay palabras que no se traducen. No porque los diccionarios fallen, sino porque describen experiencias tan específicas de una cultura que ningún otro idioma ha necesitado nombrarlas. El portugués tiene una: saudade. El coreano tiene otra: han (한). Y cuando las asocié por primera vez, entendí que estaba mirando el mismo dolor desde dos orillas del mundo.
Crecí en Venezuela rodeada de una gran comunidad portuguesa, su cultura, su música, sus tradiciones, el fado que sonaba en las fiestas y los encuentros. Tarde entendí que ese fado no era solo música: era la saudade hecha sonido. Años después, ya de vuelta en Portugal, al acercarme a la cultura coreana, leí por primera vez sobre el término
han, algo hizo clic. No como concepto académico. Como reconocimiento.
Una cantante de pansori (ópera lírica tradicional coreana) interpreta una canción, durante el 1er Festival Mundial de Pansori, celebrado el 7 de noviembre de 2023, en el Seoul Namsan Gukakdang, ubicado en el distrito de Jung-gu, Seúl. El pansori es la expresión artística más pura del han, ese dolor colectivo histórico que el pueblo coreano convirtió en música y narrativa. | Korea.net DB
Dos palabras sin traducción, una misma verdad emocional
La saudade es un vocablo intraducible que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado, e implica el deseo de resolver esa distancia. El escritor portugués Manuel de Melo la definió en 1660 con una frase que resume todo: "bem que se padece e mal de que se gosta" -el bien que se padece y el mal que se disfruta-. Una paradoja perfecta.
El han (한), por su parte, es un aspecto cultural coreano que denota un sentimiento colectivo de opresión y aislamiento frente a adversidades insuperables. El teólogo Minjung Suh Nam-dong lo describe como "un sentimiento de resentimiento no resuelto contra las injusticias sufridas, una sensación de impotencia, un dolor agudo en las entrañas y un obstinado deseo de convertir el mal en bien".
Dos definiciones distintas. Y sin embargo, algo esencial las une: ambas transforman el sufrimiento en algo que no solo se soporta, sino que se habita, se expresa y, paradójicamente, se valora.
Historias que explican el dolor
Ninguno de estos sentimientos surgió en el vacío. Ambos tienen en común, nacer de historias nacionales marcadas por la pérdida, la separación y la resistencia.
Durante la era de los Descubrimientos, en los siglos XV y XVI, la saudade adquirió un significado más profundo. Los navegantes portugueses partían hacia mares desconocidos, dejando atrás familiares y seres queridos sin saber si algún día regresarían. Portugal, un país pequeño, dirigió su mirada hacia el océano y aprendió a vivir con la ausencia como compañera de camino.
El
han se constituyó como una emoción colectiva históricamente marcada por la guerra contra Japón entre 1592 y 1598, la invasión china de 1636, y la ocupación japonesa del siglo pasado entre 1910 y 1945. Un pueblo que sobrevivió siglo tras siglo a invasiones externas y aprendió a llevar el dolor no como derrota, sino como identidad.
Dos naciones pequeñas. Dos historias de resistencia. Dos culturas que decidieron cada una a su manera, que el dolor merecía un nombre propio.
La foto muestra la fachada de azulejos de un edificio en el barrio de Sé, Oporto, Portugal, con la inscripción 'Varanda da Saudade' y guitarras portuguesas decorativas — instrumentos emblemáticos del fado, el género musical que convirtió la saudade en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2011. | A.P., Pexels
Del dolor al arte: el fado y el pansori
Lo que más me impacta como psicóloga no es que estos sentimientos existan, ya que toda cultura tiene dolor, sino lo que cada una decidió hacer algo con él.
El fado portugués, con sus melodías melancólicas y sus letras que hablan de amor, pérdida y añoranza, es el ejemplo más puro de la expresión de la saudade. Escuchar fado no es entretenimiento. Es un ritual colectivo de duelo compartido donde la tristeza se vuelve hermosa.
El
han es permeable en toda la expresión cultural coreana, desde el chamanismo hasta el pansori, la música tradicional coreana con sus cuentos y ritmos únicos pasando por el cine contemporáneo. El éxito global del cine coreano, desde "Parásito" hasta los dramas coreanos más famosos, tienen una raíz emocional directa en el
han: esa capacidad de mostrar el dolor sin suavizarlo, de hacer del sufrimiento algo universalmente reconocible.
Fernando Pessoa escribió: "Saudades, só os portugueses conseguem senti-las bem, porque têm essa palavra para dizer que as têm", es decir, solo los portugueses pueden sentirla bien porque tienen la palabra para decir que la tienen. Los coreanos dirían lo mismo del
han. Y sin embargo, cuando los demás los escuchan, bien sea en el fado o en un drama coreano, algo resuena. Porque el dolor, en el fondo, no tiene frontera.
La foto muestra una presentación de samulnori, realizada durante el Año Nuevo Lunar 2025. La música tradicional coreana, con sus tambores y ritmos colectivos, es una de las expresiones más vivas del espíritu comunitario que define la identidad cultural de Corea. | Gobierno Metropolitano de Seúl
Una psicóloga entre dos culturas
Desde la psicología intercultural, lo que saudade y
han representan es algo que los investigadores llaman elaboración cultural del duelo, es la capacidad de una sociedad de crear marcos colectivos para procesar experiencias dolorosas, que de otro modo quedarían sin nombre y sin lugar.
El psiquiatra coreano Lee Hee-kyeong describe el
han con una frase que podría aplicarse perfectamente a la saudade: "Aquí, el sufrimiento se convierte en parte de ti, parte de tu sangre, y hay un gran énfasis en la tristeza más que en los países occidentales".
Vivir entre la cultura portuguesa y la venezolana me enseñó que las culturas no se diferencian por cuánto sufren, ya que todas sufren, sino por cómo nombran ese sufrimiento y lo qué hacen con él. Portugal lo convirtió en fado. Corea lo convirtió en
pansori, en cine, en una industria creativa, una que hoy conquista el mundo.
Quizás eso explica por qué el
hallyu conecta tan profundamente con audiencias lusófonas y latinoamericanas. No es solo la música ni la estética. Es el reconocimiento de algo familiar: la belleza que puede vivir dentro del dolor.
shong9412@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.