Por la reportera honoraria Mariana Ruvalcaba de México
Fotografías: Mariana Ruvalcaba
Durante mi visita al centro de Zapopan, en el andador 20 de Noviembre, tuve la oportunidad de disfrutar del Bosque Mundialista, una increíble obra de arte realizada por más de 250 artesanas de Etzatlán pertenecientes al colectivo Cielo Tejido. Su trabajo es impresionante, pero hubo algo que llamó especialmente mi atención. Un árbol temático dedicado a Corea y su bandera tejida completamente a mano utilizando técnicas artesanales mexicanas.
Nunca imaginé encontrar una bandera de Corea elaborada de esta manera en Jalisco. Más allá de lo visual, esta pieza simboliza algo muy especial, una forma de dar la bienvenida al país asiático a través del arte y la tradición local. Fue entonces cuando comencé a reflexionar sobre cómo un evento tan importante como la Copa Mundial puede crear espacios únicos para el encuentro entre culturas.
En este caso, entre mi país, México, y un país que ocupa un lugar muy especial en mi corazón, Corea. Porque dónde la mayoría ve fútbol, yo veo intercambio cultural.
Árbol de Corea en el Bosque Mundialista del andador 20 de Noviembre en Zapopan, Jalisco, México. Fotografía por Mariana Ruvalcaba tomada el 19 de junio de 2026.
Generalmente pensamos que el intercambio cultural ocurre a través del arte, la educación o el aprendizaje de idiomas. Sin embargo, el deporte también tiene la capacidad de derribar barreras, acercar comunidades y generar nuevas expresiones culturales e identitarias que solo pueden surgir en eventos de gran escala como una Copa Mundial.
Al vivir en Guadalajara, una ciudad sede del mundial 2026, he tenido la oportunidad de observar de cerca estas convivencias y la manera en que México ha acogido a Corea con gran cariño. Para comprender mejor este vínculo, es importante recordar lo ocurrido durante la Copa Mundial de 2018.
En aquella ocasión, Corea consiguió una histórica victoria de 2-0 sobre Alemania. Aunque la selección coreana no logró avanzar a la siguiente ronda, ese resultado permitió que México obtuviera su pase. La reacción de los aficionados mexicanos fue inmediata: miles de personas celebraron y agradecieron el triunfo coreano. Incluso hubo quienes acudieron a la Embajada de Corea para festejar junto con el entonces embajador Kim Sang-il.
Los vitoreos más recordados fueron "Gracias, Corea" y "Corea hermana, ya eres mexicana", además de las interpretaciones espontáneas de la tradicional canción mexicana Cielito Lindo.
Sin embargo, lo que se ha vivido en Guadalajara durante esta Copa Mundial ha llevado esa conexión a otro nivel.
Árbol de México en el Bosque Mundialista del andador 20 de Noviembre en Zapopan, Jalisco, México. Fotografía por Mariana Ruvalcaba tomada el 19 de junio de 2026.
Desde el apoyo de la afición mexicana hacia la selección y los aficionados coreanos hasta las experiencias compartidas en el FIFA Fan Fest, la ciudad se ha convertido en un espacio de convivencia entre ambas culturas.
Uno de los aspectos más destacados fue el establecimiento del campamento base de Corea en las instalaciones de Valle Verde, en Guadalajara. Desde su llegada al aeropuerto, los jugadores y aficionados recibieron muestras de cariño por parte de los tapatíos, incluyendo mariachi, sombreros tradicionales y una cálida bienvenida por parte de seguidores mexicanos y coreanos que los esperaban en su hotel.
Estas convivencias han generado situaciones muy interesantes. Por ejemplo, muchos aficionados mexicanos han aprendido la famosa porra coreana "Dae-han-min-guk" (la República de Corea en coreano), mientras que aficionados coreanos han cantado junto a los mexicanos "Coreano hermano, ya eres mexicano". Más que simples consignas, estas expresiones representan nuevas formas de intercambio cultural que nacen de la convivencia entre personas.
Otro momento memorable ocurrió cuando los Red Devils visitaron el centro histórico de Guadalajara y realizaron una demostración de sus tradicionales porras coreanas. Decenas de mexicanos se acercaron para observar, participar y unirse a los cánticos, creando un ambiente de entusiasmo compartido.
Además, las redes sociales se han llenado de videos de creadores de contenido coreanos que visitaron Guadalajara para disfrutar del Mundial. En ellos se puede observar a aficionados mexicanos pidiéndoles fotografías, compartiendo momentos de convivencia e incluso participando en algunas de las tradiciones festivas locales.
Aficionado coreano en el centro histórico de Guadalajara tomándose fotos con aficionados mexicanos. Fotografía por Mariana Ruvalcaba tomada el 18 de junio de 2026.
Tuve la oportunidad de visitar el centro de Guadalajara durante el partido entre México y Corea, el 18 de junio, y el ambiente era una auténtica fiesta. Personas de todas las edades convivían antes, durante y después del encuentro. Era común ver a coreanos y mexicanos tomándose fotografías juntos, compartiendo sonrisas y disfrutando de la experiencia.
Lo más valioso de todo esto es que demuestra que el deporte puede convertirse en mucho más que una competencia. Puede ser un espacio para conectar a personas que no comparten un idioma ni las mismas costumbres, pero que encuentran puntos en común a través de experiencias compartidas.
Estas son experiencias que probablemente no volveremos a vivir de la misma manera. Sin embargo, dejan un mensaje muy claro: más allá de las instituciones, los gobiernos o los acuerdos diplomáticos, somos las personas quienes construimos los puentes entre culturas.
La bandera coreana tejida por artesanas mexicanas en Zapopan es un ejemplo perfecto de ello. Es una muestra de cómo dos culturas pueden encontrarse, dialogar y crear algo nuevo juntas. Y quizá esa sea una de las mayores enseñanzas que nos deja esta Copa Mundial, que el intercambio cultural ocurre cuando estamos dispuestos a compartir, aprender y celebrar nuestras diferencias.
En este caso, entre México y Corea, el Mundial ha demostrado que la amistad entre ambos países también puede construirse a través del deporte.
kimhyelin211@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.