Reporteros Honorarios

07.08.2026

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Por la reportera honoraria Adriana Goncalves de Portugal
Fotografías: Embajada de la República de Corea en Portugal

Un miembro del equipo ejecuta una técnica de rompimiento en el aire durante la exhibición de taekwondo realizada el 23 de julio frente a la Torre de Belém, en Portugal.

Un miembro del equipo ejecuta una técnica de rompimiento en el aire durante la exhibición de taekwondo realizada el 23 de julio frente a la Torre de Belém, en Lisboa, Portugal.


Cuando tenía seis años, en Venezuela, pasaba las tardes en un dojo aprendiendo katas de karate y posturas de kung fu. Hoy apenas recuerdo las técnicas, pero sí conservo el silencio antes de cada movimiento, la respiración contada y el cuerpo obligado a esperar antes de golpear. Por eso, al enterarme de que un equipo de taekwondo coreano se había presentado el 23 de julio frente a la Torre de Belém, uno de los monumentos más icónicos de Lisboa, no pensé de inmediato en Corea. Pensé en esa niña y en cómo el cuerpo entrenado comunica algo que las palabras no alcanzan.

Esa misma intuición fue la que cobró vida cuando el Equipo de Demostración de la Universidad de Ciencias Médicas de Hwaseong (HSMU, por sus siglas en inglés) ejecutó secuencias de Poomsae, coreografías grupales dinámicas y rupturas de alta dificultad frente a cerca de 300 personas, entre ciudadanos locales, turistas y miembros de la comunidad coreana.

Sin embargo, la fuerza del evento no residió únicamente en la destreza física, sino en el escenario elegido. La Torre de Belém representa para Portugal el gran símbolo de la Era de los Descubrimientos, el punto exacto desde el cual sus carabelas partieron hacia rutas marítimas que conectaron continentes por primera vez. Que un arte marcial coreano se despliegue hoy frente a ese bastión de piedra traza, sin necesidad de discursos, un puente entre dos formas históricas de encuentro cultural: la que abrieron las navegaciones del siglo XV y la que hoy sostienen la diplomacia y el intercambio deportivo.

El Equipo de Demostración de Taekwondo de la Universidad de Ciencias Médicas de Hwaseong (HSMU, por sus siglas en inglés) posa junto al público asistente al finalizar la presentación en la Torre de Belém, en Portugal.

El Equipo de Demostración de Taekwondo de la Universidad de Ciencias Médicas de Hwaseong (HSMU, por sus siglas en inglés) posa junto al público asistente al finalizar la presentación en la Torre de Belém, en Lisboa, Portugal.



Detrás de este cruce geográfico subyace, además, una filosofía particular. El taekwondo, a diferencia del karate o el kung fu que practiqué de niña, posee una estructura ético-espiritual propia, cimentada sobre valores confucianos como la cortesía, la integridad, la perseverancia, el autocontrol y el espíritu indomable. Desde esta perspectiva, cada Poomsae —las secuencias de movimientos que forman la base técnica de la disciplina— no funciona como una simple exhibición, sino como una forma codificada de disciplina mental. Incluso las rupturas de madera en el aire, más allá de la espectacularidad visual, son la prueba física de años de repetición y dominio personal.

Comprender esta dimensión ética ayuda a descifrar el propósito de la exhibición en Lisboa. Una demostración deportiva organizada por una embajada en un espacio público de alto tránsito cumple una función que trasciende el mero entretenimiento. Forma parte de la diplomacia pública: el uso de la cultura, el arte o el deporte como vehículo de entendimiento directo entre naciones, al margen de los canales políticos formales. En este terreno, Corea ha consolidado un modelo internacional sumamente eficaz, convirtiendo al taekwondo —deporte olímpico desde Sídney 2000— en una de sus señas de identidad más reconocibles en el mundo.

Al final, es este uso del cuerpo como lenguaje universal lo que termina por cerrar el círculo. Para quienes crecimos entrenando en otra disciplina y en otro continente, resulta revelador observar una tradición marcial distinta desplegarse en un lugar tan cargado de memoria local. El karate y el kung fu de mi infancia en Venezuela y el taekwondo presentado en Belém comparten una misma certeza fundamental: que educar el cuerpo es, en última instancia, esculpir el carácter.

Por eso, cuando trescientas personas se detuvieron esa tarde en Lisboa para ver a un grupo de estudiantes coreanos elevarse en el aire y ejecutar movimientos en perfecta sincronía, no hizo falta ningun intérprete. Nadie necesitó traducción para entender lo que presenciaba: la disciplina, como el silencio que precede al golpe, se explica por sí sola.

shong9412@korea.kr

Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.