Reporteros Honorarios

20.08.2026

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Por la reportera honoraria Adriana Goncalves de Portugal



La foto muestra la bandera nacional con el palacio Gyeongbokgung de fondo. | Korea.net DB

La foto muestra la bandera nacional con el palacio Gyeongbokgung de fondo. | Korea.net DB


Cada 5 de julio, en la escuela, cantábamos el himno venezolano frente a la bandera, y algún maestro repetía la misma frase: hoy celebramos que dejamos de pertenecerle a otro país. De niña apenas entendía la fecha como un feriado más, con desfile y bandera. Años después, viviendo entre Portugal y Venezuela, entendí que esa idea de dejar de pertenecerle a otro rara vez es solo un dato de calendario. Es una herida que un país entero decide, en algún momento, empezar a nombrar de otra manera. Además, representa una lucha del pasado.

Venezuela se liberó de España en 1811. Corea se liberó de Japón 134 años después, el 15 de agosto de 1945. Son procesos distintos, en siglos distintos, con actores distintos. Pero el 15 de agosto de Corea comparte con el 5 de julio venezolano un mismo núcleo: la fecha en que un pueblo deja de responder a un nombre que no eligió.

Gwangbokjeol es un feriado nacional coreano que se celebra cada 15 de agosto. Como este año el 15 de agosto cayó sábado, el feriado se trasladó al lunes, en este caso, el 17 de agosto. 


El nombre combina tres caracteres: gwang (luz), bok (retorno) y jeol (festividad), y traducen la expresión "el día que la luz regresó". La fecha tiene, además, un doble peso histórico poco conocido fuera de Corea: el 15 de agosto de 1945 Japón anunció su rendición ante los Aliados, poniendo fin a 35 años de ocupación colonial iniciada en 1910; y exactamente tres años después, el 15 de agosto de 1948, se proclamó oficialmente la República de Corea. Dos nacimientos distintos, la misma fecha.

Durante esos 35 años, Japón impuso una política conocida como Sōshi-kaimei, que obligó a millones de coreanos a adoptar nombres japoneses, además de restringir el uso público del idioma coreano en escuelas y documentos oficiales. Recuperar la soberanía en 1945 significó, entre muchas otras cosas, recuperar el derecho a firmar con el propio apellido.

En la práctica clínica trabajo con personas que cargan pérdidas heredadas, historias que no vivieron directamente pero que igual les pesan en el cuerpo y en su historia. La psicología usa el término trauma transgeneracional para nombrar esa herencia. Corea tiene una palabra propia y más antigua para algo parecido: han (한), un concepto sin traducción exacta que describe una mezcla de dolor colectivo, resignación y resistencia acumulada a lo largo de generaciones. El Gwangbokjeol es, en ese sentido, el único día del año en que ese dolor colectivo tiene permiso oficial para volverse una celebración.

Venezuela tiene su propia versión de esa memoria, con su propio calendario y sus propias heridas, distintas en forma pero no en función. Ambos países construyeron su identidad nacional a partir del momento exacto en que dejaron de responder a un nombre impuesto.

El 17 de agosto sonó el campanario Bosingak en el distrito de Jongno-gu, como suena cada año desde hace ocho décadas. No conmemora una guerra ganada, sino un nombre recuperado: el de una persona, el de una lengua, el de un país entero que un día volvió a firmar con su propia letra.

shong9412@korea.kr

Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.