Por la reportera honoraria
Nancy Rosas Rosas de
México
La foto muestra los objetos exhibidos en la sala permanente 'Corea: la tierra de la calma matutina' en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, en el Centro Histórico, en la Ciudad de Mexico. De xiquierda a derecha: el Gran incensario de bronce dorado de Baekje, la Tripitaka coreana, e instrumentos musicales tradicionales. | Nancy Rosas Rosas
Caminar por los pasillos del Museo Nacional de las Culturas del Mundo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es emprender un viaje que trasciende fronteras. Al cruzar el umbral de la sala permanente “Corea: la tierra de la calma matutina”, el bullicio urbano cede el paso a una atmósfera de silencio y contemplación.
En mi reciente visita al recinto, fue imposible no percibir una conexión profunda con la historia coreana a través de sus más de 100 piezas exhibidas que abarcan desde el Neolítico hasta el siglo XX, organizadas en torno a creencias, costumbres, ceremonias y desarrollos tecnológicos.
Sin embargo, esta experiencia de diálogo intercultural no es fortuita. Esta sala permanente es la única en un recinto público de México dedicada íntegramente al patrimonio coreano. Su exhibición es fruto de una rigurosa labor de investigación y conservación. Al recorrerla, surgió mi curiosidad por comprender la curaduría detrás de cada vitrina y cómo se construyó este puente cultural. Esta inquietud me motivó a establecer contacto con la responsable de la sala, la antropóloga e investigadora Silvia Seligson Berenfeld, curadora especializada en las culturas, religiones y arte de Asia Oriental.
Con cuatro décadas de trayectoria como investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Seligson está adscrita al recinto y específicamente al frente del acervo coreano desde el año 2000, periodo en el que ha tendido puentes para acercar el legado coreano al público hispanohablante.
A la par de su labor curatorial, Seligson ha participado activamente en iniciativas académicas del INAH e impartido conferencias tanto en México como en el extranjero, incluyendo países como Argentina. Asimismo, colaboró en el libro Historia mínima de Corea, publicado por El Colegio de México en 2009 y considerado un referente historiográfico clave en la región.
A través de una entrevista por correo electrónico llevada a cabo entre el 13 de agosto y el 5 de octubre, la investigadora repasa su trayectoria curatorial frente al patrimonio coreano, la vigencia de la exhibición, la cooperación institucional y sus próximos proyectos.
La antropóloga mexicana de origen ruso-polaco Silvia Seligson Berenfeld expone durante una jornada académica en 2018. | Silvia Seligson Berenfeld
¿Qué despertó inicialmente su interés por Corea y cómo decidió canalizarlo a través de la curaduría?
Me cautivaron especialmente su dinamismo, sus valores tradicionales y la fuerza de su identidad. Con el tiempo, encontré en la cultura material y en el estudio de sus objetos históricos el vehículo ideal no solo para profundizar en ese patrimonio, sino también para difundirlo y acercarlo al público hispanohablante.
Ha mantenido un vínculo formativo constante con el país. ¿Cómo ha nutrido este contacto directo su trabajo curatorial?
Ha sido determinante. Desde 1997 y hasta antes de la pandemia, tuve la oportunidad de participar de manera casi ininterrumpida en los programas y cursos organizados anualmente por la Fundación Corea en el país asiático. Esa inmersión directa y continua en el terreno transformó por completo mi mirada y repercutió de forma decisiva en el rigor de mi labor museística.
Al concebir una exhibición sobre Corea, ¿qué criterios guían la selección y el discurso museográfico para reflejar su patrimonio de manera equilibrada?
El objetivo es ofrecer una lectura integral que no privilegie una manifestación sobre otra, sino que dé cuenta de la riqueza de su legado. En la sala permanente, por ejemplo, cada sección se articuló combinando criterios cronológicos y ejes temáticos que destacan los rasgos más singulares de esta civilización. Al mismo tiempo, cuidamos minuciosamente que el propio diseño museográfico respire y proyecte la estética tradicional coreana.
La sala permanente aborda la "Vida social y religiosa tradicional", donde confluyen el chamanismo, el budismo y el confucianismo. ¿Cómo se articuló esa diversidad espiritual sin caer en contradicciones?
El reto curatorial consistió precisamente en integrarlas en un diálogo armónico. En lugar de presentarlas como doctrinas aisladas o contrapuestas, se concibieron como capas vivas de un mismo tejido histórico y cultural, permitiendo al visitante apreciar cómo estas corrientes han coexistido y moldeado la cosmovisión coreana.
La antropóloga y curadora Silvia Seligson Berenfeld (derecha) se toma una foto conmemorativa co Julieta Gil Elorduy, entonces directora del Museo Nacional de las Culturas del Mundo (izquierda), y un representante de la institución (centro), durante su visita a la sede de la Fundación Corea en Seúl, en 1997. | Silvia Seligson Berenfeld
Frente al auge global de la ola coreana, ¿de qué manera el museo ayuda al público a conectar con los orígenes históricos de esta cultura y a mantener vigentes sus contenidos?
La sala permanente funciona como ese anclaje fundamental: permite al visitante comprender que el dinamismo contemporáneo que hoy admira tiene raíces históricas profundas. Asimismo, para mantener ese diálogo siempre vigente y atender el creciente interés del público, complementamos el acervo permanente con un programa continuo de exposiciones temporales.
¿Cómo ha impactado la cooperación institucional con Corea en el desarrollo de la sala y sus actividades?
Ha sido un pilar indispensable. Mantenemos una estrecha colaboración con el Centro Cultural Coreano en México, cuya gestión ante instancias gubernamentales y culturales en Corea no solo ha hecho posible la llegada de destacadas muestras temporales, sino también la ampliación y enriquecimiento de nuestra propia sala permanente.
Su investigación doctoral profundiza en el universo religioso coreano. ¿Qué motivó su inclinación por esta línea de estudio?
Precisamente esa compleja convivencia de tradiciones, con un interés muy particular en el chamanismo, una manifestación ancestral indispensable para entender la memoria, la espiritualidad y la identidad más profunda del pueblo coreano.
Tras cuatro décadas de trayectoria en el INAH y el reciente reconocimiento a su labor de difusión, ¿qué balance hace de este camino y cuáles son sus proyectos a futuro?
Recibir este reconocimiento por mi trayectoria en el museo y contar con el respaldo de las instituciones coreanas es un motivo de profunda gratitud y emoción. Hacia adelante, mi compromiso sigue intacto: continuaré dedicada a la divulgación del patrimonio coreano mediante conferencias, proyectos de investigación y nuevas propuestas curatoriales.
shong9412@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.