Reporteros Honorarios

28.10.2026

Ver este artículo en otro idioma
  • 한국어
  • English
  • 日本語
  • 中文
  • العربية
  • Español
  • Français
  • Deutsch
  • Pусский
  • Tiếng Việt
  • Indonesian
Por la reportera honoraria Claudia Paola Villarroel Abasto de Bolivia
Fotografías: Claudia Paola Villarroel Abasto 

Parece una pregunta extraña al tratarse de un país y no de una persona u objeto, pero responder a "¿dónde he visto a Corea?" me traslada de inmediato a 1999, cuando tuve mi primer e inolvidable acercamiento a la cultura coreana sin moverme de mi ciudad.

Mucho antes de familiarizarme con su idioma, su música y sus dramas—que hoy forman parte de la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo—, Corea llegó a la mía a través de los pequeños recuerdos de un viaje a Seúl.

La hermana de mi mamá había viajado desde Bolivia hasta la capital coreana para participar en un congreso internacional. A su regreso, me mostró algunos recuerdos que había adquirido durante su estancia.

Por aquel entonces yo era apenas una adolescente y sabía muy poco sobre Corea. Lo único que tenía claro era que se trataba de un país asiático muy lejano, del que nos separaban más de doce horas de diferencia horaria. No contaba con mayores referencias y desconocía por completo su historia; mi educación escolar, como ocurría con buena parte de los programas en Bolivia, estaba profundamente marcada por una visión eurocéntrica.

Años después comprendí que aquellos objetos no eran simples suvenires, sino mi primera ventana al país.

Jamás habría imaginado que un par de décadas más tarde terminaría interesándome con tanta devoción por la producción artística y cultural coreana, ni que incluso este año asistiría en São Paulo, Brasil, a uno de los conciertos de BTS, el grupo de K-pop más influyente a nivel global en la actualidad.

Hoy, mi vínculo con Corea se nutre del K-pop, los dramas, la gastronomía, el cine y las actividades culturales que han ganado enorme arraigo en mi país.

Las pequeñas huellas de Seúl

Entre aquellos objetos que llegaron a mis manos se encontraban un marcapáginas con el símbolo del sam-taegeuk, una pequeña campana decorativa sujeta a una clave de sol, un par de palillos metálicos y un cuchillo de mesa de la aerolínea Korean Air.

Con el paso del tiempo, cada uno de ellos fue cobrando un significado muy distinto. Dejaron de ser anécdotas de un viaje ajeno y, al redescubrirlos hoy, puedo identificar en ellos piezas vivas de una cultura que en aquel momento me resultaba totalmente ajena.

Marcapáginas con el símbolo del sam-taegeuk, que evoca la armonía del cielo, la tierra y el ser humano. Elaborado por Yeon World y adquirido durante un congreso en Seúl en 1999.

Marcapáginas con el símbolo del sam-taegeuk, que evoca la armonía del cielo, la tierra y el ser humano. Elaborado por Yeon World y adquirido durante un congreso en Seúl en 1999.


El universo entre páginas: la armonía del sam-taegeuk

Este delicado objeto se conserva de manera impecable a pesar de los años. Se trata de una pieza circular metálica que se encaja en la hoja a modo de prendedor, elaborada por Yeon World, un taller tradicional coreano especializado en artesanías y recuerdos.

Bañado en oro, el  marcapáginas tiene en el centro el tradicional sam-taegeuk. La tarjeta descriptiva que lo acompaña —escrita en coreano, inglés y japonés— explica que sus tres colores simbolizan el cielo (azul), la tierra (rojo) y el ser humano (amarillo), en perfecta armonía con los principios del cosmos.

Muchos años después, cuando empecé a estudiar el hangeul (alfabeto coreano), encontré una conexión entrañable gracias a este recuerdo: el propio sistema de escritura incorpora esa misma filosofía tripartita. Las vocales básicas están diseñadas a partir de los elementos del cielo (ㆍ), la tierra (ㅡ) y el ser humano (ㅣ), y es a partir de esta base filosófica que se articulan las demás vocales.

Campana decorativa para poner tras la puerta adquirido en un mercado popular de Seúl en 1999.

Campana decorativa para poner tras la puerta adquirido en un mercado popular de Seúl en 1999.


La pequeña campana de la bienvenida

Otro de los objetos era una pequeña campana decorativa. Mi tía me relató que la adquirió en un mercado tradicional y que se la presentaron como una pieza pensada para colgarse detrás de la puerta, de manera que anunciara con su tintineo la llegada de las visitas al hogar.

Palillos metálicos tradicionales (derecha) y un cuchillo de mesa de Korean Air, conservados como recuerdos de un viaje a Seúl en 1999.

Palillos metálicos tradicionales (derecha) y un cuchillo de mesa de Korean Air, conservados como recuerdos de un viaje a Seúl en 1999.


El peso del metal en la mesa

Los utensilios me resultaron especialmente llamativos porque rompían con las convenciones culinarias a las que estaba acostumbrada.

Los palillos eran de metal y con extremos planos. Hasta ese instante, yo creía que los palillos en Asia eran siempre de madera. Mi tía me aclaró que podían elaborarse en diversos materiales y que ese par en particular se lo habían obsequiado en un restaurante como detalle hacia los comensales extranjeros.

El otro objeto era un cuchillo con el sello de Korean Air, una curiosidad que me llamó la atención por guardar similitud con los cubiertos habituales de nuestra mesa.

Tiempo después comprendí que los utensilios metálicos son un rasgo distintivo de la tradición culinaria coreana y que el juego indispensable en su mesa cotidiana lo componen la cuchara y los palillos.

Aquellos suvenires constituyeron mi primer contacto tangible con Corea pese a la inmensa distancia geográfica. Durante décadas permanecieron como memorias de un viaje que realizó otra persona, pero, sin saberlo, sembraron en mí la semilla de una fascinación que hoy sigue creciendo.

shong9412@korea.kr

Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.