Por la reportera honoraria
Adriana Goncalves de
Portugal
Fotografías: Korea.net DB
Los participantes del concurso de no hacer nada, conocido como Space-Out Competition, dejan la mente en blanco en la plaza Gwanghwamun, en el centro de Seúl, el 14 de abril.
Cuando supe que en Seúl existe un campeonato oficial para ver quién logra quedarse en blanco durante más tiempo, mi primera reacción como psicóloga fue de genuina curiosidad: ¿qué sociedad necesita convertir el descanso en una competencia para permitírselo?
El concurso de no hacer nada, conocido como Space-Out Competition, fue concebido en 2014 por la artista Woopsyang a raíz de una crisis de sobreesfuerzo laboral. Organizado por el Gobierno Metropolitano de Seúl a orillas del río Hangang desde 2016, el certamen desafía a los participantes a pasar noventa minutos en completo silencio, despiertos y desconectados de cualquier dispositivo electrónico, mientras se registra su ritmo cardíaco.
Una niña coreana concentra su atención durante el concurso de no hacer nada, conocido como Space-Out Competition, celebrado el 14 de abril en la plaza Gwanghwamun, en el centro de Seúl.
Que Corea sienta la necesidad de transformar la desconexión en un certamen dice mucho sobre su arraigada cultura del esfuerzo, la misma que aflora al analizar el ritmo acelerado del "
ppalli-ppalli" y la implacable exigencia académica del sistema SKY. Cuando el valor individual se mide constantemente por el rendimiento, dejar la mente en blanco sin una justificación productiva puede experimentarse casi como una falta. La competencia le otorga a ese vacío una validación social: si existe un ganador, entonces no hacer nada también cuenta como un logro.
Sin embargo, ese permiso no se agota en un evento anual. Con el tiempo, Corea ha consolidado una infraestructura urbana abierta las 24 horas que institucionaliza el derecho a la desconexión a cualquier hora del día. Los PC bang, salas de computación por horas, continúan siendo un espacio de encuentro social pese a la disminución gradual de establecimientos. De acuerdo con el Libro Blanco del Juego 2025, publicado por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo y la Agencia de Contenidos Creativos de Corea, en 2024 operaban 7.243 PC bangs en el país; aunque encadenaron cinco años consecutivos a la baja, sus ingresos crecieron un 12,8 por ciento respecto al ejercicio anterior. Junto a ellos, los jjimjilbang —saunas tradicionales abiertas toda la noche— y las librerías 24 horas ofrecen un refugio semejante: un lugar legítimo donde estar sin tener que dar explicaciones.
Desde la mirada psicológica, esta arquitectura urbana opera como un mecanismo de regulación colectiva. El bienestar no siempre depende de decisiones individuales de autocuidado; a menudo requiere que el propio entorno habilite ese permiso. Un recinto abierto a las tres de la madrugada, sin cuestionamientos, cumple una función ritual: alivia la carga de evaluar si merecemos descansar, pues el espacio ya está ahí, dispuesto y acogedor.
Lo que inició como una intervención artística terminó evidenciando cómo una sociedad entera es capaz de diseñar, en términos estrictamente espaciales, un sostén para quienes se sienten al límite. Quizás la interrogante inicial guarde una respuesta directa: una sociedad que avanza tan rápido como la coreana necesita, con urgencia, aprender a edificar lugares donde detenerse.
shong9412@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.