Por la reportera honoraria
Ianina Osgueritchian de
Argentina
Fotografías: Ianina Osgueritchian
Hace dos meses aterricé en Argentina tras vivir varios años en España. Mientras hacía la maleta, de alguna manera esperaba extrañar Corea, ya que Seúl parecía estar muy lejos del extremo sur de Sudamérica.
Me equivoqué: Corea ya había llegado antes que yo. La descubrí en un estadio repleto, en la cocina familiar y en los pequeños comercios intercalados entre panaderías y kioscos. Comprendí de golpe cómo la cultura surcoreana se había integrado en mi tierra natal.
Postales y momentos destacados del concierto de StrayCity, llevado a cabo el 15 de septiembre, en el Hipódromo de San Isidro, Buenos Aires, Argentina.
Un estadio que vibró en coreano
Mi primer reencuentro cultural fue el concierto de Stray Kids en Buenos Aires, el 15 de septiembre. Esperaba que el público fuera ruidoso, ya que los fans argentinos son famosos por su entusiasmo. Sin embargo, me sorprendió encontrar a miles de personas cantando las letras en coreano tal cual eran, como si el idioma fuera el suyo.
Había adolescentes, familias enteras, madres con sus hijas y seguidores llegados desde distintas provincias y países limítrofes. La gran mayoría jamás pisó la península ni tomó una clase formal del idioma; aun así, se sabían de memoria todos los estribillos, todos los versos de rap y todos los cantos de fans.
Comprendí entonces que para ellos no se trataba de repetir sonidos en una lengua ajena: era la banda sonora que los acompañaba en exámenes, desamores y largas esperas en el colectivo. Hicieron suyo el K-pop y, con él, abrazaron un pedacito de Corea.
Las fotos muestran algunos platos tipicos coreanos. De izquierda a derecha: miyeokguk (sopa de algas), bibimbap y kimbap.
Kimbap en una mesa argentina
En Argentina, el afecto se expresa en la mesa: el asado de domingo, el mate compartido o las empanadas con amigos. Quise tender ese mismo puente preparando
kimbap, bibimbap, miyeokguk (sopa de algas) y
ramyeon con huevo y cebolla de verdeo.
Armar el
kimbap junto a mi sobrino y varios amigos se volvió una competencia entrañable: entre risas, arroz pegado en los dedos y rollos desarmados, al tercer intento, él ya los preparaba mejor que yo. El
bibimbap fascinó a todos al mezclar vegetales, huevo y
gochujang a gusto de cada comensal. Además, la sopa de algas fue el pretexto ideal para contarles que los coreanos la comen en su cumpleaños, coincidiendo con el mío el 27 de septiembre.
Comprobar que estos sabores no les resultaban ajenos fue revelador: simplemente hallaron otra manera de hacer lo que mejor sabemos hacer los argentinos, que es reunirnos a compartir.
Kimbap y canelones compartiendo mesa en una cena familiar (izda.) y Benicio Salazar aprendiendo a enrollar kimbap en Mar del Plata, Argentina (dcha.).
Cosmética y despensas a la vuelta de la esquina
Para conseguir los ingredientes recorrí varios supermercados asiáticos. Las góndolas rebosaban de pastas fermentadas, algas secas, pasteles de arroz y fideos instantáneos de todo tipo. Chicos y chicas recorrían los pasillos con el celular en mano buscando recetas de series y preparando fideos al paso en las estaciones de agua caliente, recreando escenas de pantalla.
Al visitar tiendas de belleza comprobé un fenómeno similar. Términos antes desconocidos como "esencia" o "doble limpieza" hoy forman parte del vocabulario habitual; los clientes eligen protectores solares o activos como la mucina de caracol con precisión de expertos. El cuidado de la piel ya no es una curiosidad exótica, sino un hábito diario consolidado.
Al salir a la calle con mis compras tuve la misma certeza que en el recital: el país asiático dejó de contemplarse a la distancia para vivirse en lo cotidiano.
La reportera honoraria de Korea.net Ianina Osgueritchian prueba una mascarilla facial coreana (izda.) y una selección de productos de cosmética y artículos coreanos en Argentina (dcha.).
Un puente sin distancias
Argentina y Corea parecen mundos opuestos, con estaciones invertidas y horarios cruzados: cuando amanece en Buenos Aires, Seúl ya duerme. Sin embargo, estos dos meses evidenciaron su cercanía afectiva.
Ambas sociedades compartimos un pulso común: somos apasionados, priorizamos los lazos afectivos y celebramos los encuentros a través de la comida y la música. Por eso el fenómeno hallyu echó raíces tan rápido: lejos de desplazar nuestras costumbres, se sumó a ellas con naturalidad.
Pensé que extrañaría Corea al regresar, pero me esperaba aquí: en el coro unánime de un estadio, en las manos de mi sobrino doblando algas y en la sobremesa con mi gente. Corea ya no está lejos; suena en su idioma, pero late con impronta argentina.
La foto muestra algunos de los artículos coreanos ofrecidos en distintas tiendas de Buenos Aires, Argentina.
shong9412@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.