Por Mark Peterson
Profesor emérito en la Universidad Brigham Young
Durante los últimos meses ya habíamos visto un reavivamiento de las preocupaciones relacionadas con los abusos a mujeres por parte de Japón durante la II Guerra Mundial, así como la testaruda negativa del gobierno japonés de turno en aceptar su culpa en esos crímenes de guerra. Ahora, otro de los crímenes de guerra de Japón nuevamente está saliendo a la palestra: el trabajo forzado.
Una de las razones por la que el trabajo forzado ha vuelto al centro de la discusión es el reconocimiento por parte de la Unesco de los Sitios Históricos Industriales de Japón, entre los que se incluyen lugares donde se produjo trabajo forzado por parte de las autoridades japonesas. La atención se centra sobre esos 23 sitios que incluyen minas de hierro y acero y astilleros, lugares donde los mineros y trabajadores fueron conscriptos como soldados del ejército japonés, con la misión de apoyar la campaña bélica de Japón.
La situación ha vuelto al foco de la conciencia nacional e internacional porque, inmediatamente después del reconocimiento de la Unesco en 2015, en 2017 se produjo en Corea una película de gran éxito sobre el tema, llamada "Battleship Island" o "Isla del Acorazado" en español.
De los 23 sitios incluidos en la proclamación de la UNESCO, las fotografías más gráficas son las de esta isla, que no está lejos de la costa de Nagasaki y vista desde lejos parece un gran acorazado. Llamada "Gunhamdo" en coreano y "Gunkanjima" en japonés, la isla tiene como nombre original "Hashima" (que significa 'la isla del final'). La película no es un documental, sino una obra de ficción basada en cómo los coreanos (y los chinos también, aunque estos no aparecen en la película) fueron reclutados y obligados a trabajar en las minas de carbón subterráneas de las profundidades de la isla.
Japón no tiene muchos recursos minerales, no tiene petróleo y el carbón también es limitado. Por lo tanto, esta pequeña isla jugó un papel importante como mina de carbón, que estuvo en operación desde 1887 hasta 1974, cuando la mina se cerró y la isla, en la que llegaron a vivir 5.000 personas, quedó abandonada. Las fotografías de la isla muestran hoy una ciudad fantasma con edificios de apartamentos de nueve pisos y algunas otras estructuras abandonadas.
Durante la guerra, los mineros no solo fueron japoneses, sino también coreanos y chinos que fueron obligados a trabajar en la isla. La película muestra a un inocente músico obligado a mudarse a la isla para trabajar en condiciones peligrosas para proporcionar carbón para la maquinaria de guerra de Japón. Es un padre soltero que se lleva a su hija con él, con el pretexto de que trabajará como músico en Japón, pero termina en la isla, prácticamente como prisionero. Le quitan a su hija, para que viva con las otras mujeres, que en su mayoría son esclavas sexuales en la "estación de confort" de la isla. Las dos cuestiones van juntas: las mujeres de confort esclavizadas y el trabajo forzado tanto de hombres como de mujeres.
A medida que el esfuerzo bélico de los japoneses iba de mal en peor, el gobierno reclutaba personas cada vez más jóvenes para el ejército y más hombres para las minas y fábricas. Las mujeres también fueron reclutadas y, como se ve al examinar el tema de las mujeres de confort, algunas fueron "engañadas", ya que les prometieron una cosa pero les dieron otra; se les había prometido un buen trabajo, pero fueron obligadas a realizar trabajos degradantes o peligrosos.
¿Y qué tiene que decir Japón hoy en este tema del trabajo forzado? Al igual que en el tema de las mujeres de confort, al gobierno japonés parece preocuparle más su "imagen" y los "daños a la imagen del país" que ocurrirían si admitiera lo que sucedió en realidad.
Se trata de un asunto bastante complicado. En la actualidad, un gran número de japoneses reconoce que sus antepasados cometieron crímenes de guerra. Esto no debería ser algo difícil. Alemania admite la culpabilidad de sus antepasados que cometieron horrendos crímenes durante la Segunda Guerra Mundial. Los estadounidenses admiten los crímenes de guerra contra los pueblos nativos en el pasado. Y un cierto porcentaje de japoneses admite las malas acciones de sus antepasados. Pero el partido en el poder en Japón y aquellos que optan por alinearse con el gobierno de turno han adoptado la posición del negacionismo, para evitar dañar la imagen del país.
La situación es un obstáculo potencial para las alianzas políticas actuales. Corea del Sur, Japón y Estados Unidos están trabajando juntos para enfrentar a China y Corea del Norte, pero el tema de los crímenes de la Segunda Guerra Mundial amenaza con romper la alianza. Corea ha tenido que tragarse su orgullo y alejarse de la demanda de disculpas e indemnizaciones plenas y completas por los crímenes de guerra. Japón utiliza el tema de las alianzas políticas para pasar por alto cualquier consideración de disculpa y compensación. Y Estados Unidos es el "Rodney King" de la alianza, al decir: "¿No podemos simplemente llevarnos bien?" Y así avanzamos cojeando, sin afrontar la realidad o el pasado y pretendiendo que podemos llevarnos bien con un Japón que no se distanciará de sus crímenes de guerra, sino que todavía "es dueño" de ellos. ¿Por qué Japón se niega a repudiar sus crímenes de guerra pasados? ¿Por qué sigue abrazando su historia como si no hubiera cometido errores, cuando claramente la Segunda Guerra Mundial fue su responsabilidad, junto con todos sus crímenes de guerra concomitantes?
En un aspecto, la posición de Japón no tiene sentido. Si simplemente admitiera los errores de sus antepasados, se podría acabar con el asunto. Terminarlo de una vez por todas. La sanación podría tener lugar. Se podrían normalizar las relaciones y las alianzas internacionales.
Pero en lugar de reconocer sus errores del pasado, el gobierno japonés ha adoptado una posición que revive los recuerdos de otros errores pasados. A los coreanos se les recuerda de nuevo el sobre la invasión de Hideyoshi a Corea en 1592, cuando hasta cuatro millones de coreanos fueron masacrados en una de las peores guerras de la historia mundial. Los coreanos recuerdan la traición de la colonización japonesa de Corea entre 1910 y 1945 y las heridas y los recuerdos de esos años de abusos vuelven a la palestra. También se produjo la matanza de coreanos inocentes inmediatamente después del terremoto de Kanto de 1924. Y los coreanos recuerdan la declaración del primer ministro japonés Yoshida Shigeru, un presunto criminal de guerra de la Segunda Guerra Mundial, que no se encontraba entre los pocos criminales de guerra castigados por sus crímenes, sino que se unió a la élite del poder que restauró Japón después de la guerra, al igual que muchos otros líderes de los postguerra, cuyos crímenes fueron pasados por alto. También, los coreanos recuerdan sobre la tragedia y la pérdida de vidas en Corea causadas por la Guerra de Corea (1950-1953), llamada por Japón un "un regalo de los dioses", ya que el conflicto bélico fue una bendición económica que permitió a Japón proporcionar suministros militares. Dos millones de coreanos y decenas de miles de estadounidenses y otros aliados fueron masacrados en la guerra, misma que los japoneses llaman un regalo del cielo.
Mark Peterson es profesor emérito en la Universidad Brigham Young, donde enseñó Estudios Coreanos durante más de 30 años. Desde que se jubiló en 2018, ha dirigido el canal de YouTube "The Frog Outside the Well".
Traducido por Elías Molina, redactor de Korea.net