El presidente coreano Lee Jae Myung se dirige a los medios durante la conferencia de prensa de Año Nuevo, celebrada el 21 de enero, en la oficina presidencial de Cheong Wa Dae, en Seúl. Ese día, el mandatario expresó su voluntad de restaurar el Acuerdo Militar Integral (CMA, según sus siglas en inglés) firmado el 19 de septiembre de 2018, bajo la Administración Moon Jae-in, a fin de reanudar el diálogo entre Corea del Norte y EE. UU., así como del diálogo intercoreano. | Cheong Wa Dae
Por Yang Moo-Jin
Profesor distinguido de la Universidad de Estudios Norcoreanos
Hoy, 27 de abril de 2026, se cumple el 8º aniversario de la firma de la Declaración de Panmunjom. El mundo entero quedó conmocionado cuando el entonces presidente Moon Jae-in y el líder norcoreano, Kim Jong Un, estrecharon sus manos en la línea de demarcación militar entre las dos Coreas en aquella primavera de 2018. Se vislumbraba la posibilidad real de establecer la paz en la península de Corea.
En ese entonces, ambos líderes declararon solemnemente que no habría más guerra en la península y proclamaron el desarrollo integral de las relaciones intercoreanas junto con el establecimiento de un régimen de paz. Sin embargo, el recuerdo de aquella cálida primavera se enfrió con el tiempo y, desde entonces, los vínculos entre el Sur y el Norte atraviesan un largo invierno.
Ocho años después, tanto el entorno internacional como la situación en la península coreana han cambiado. El orden geopolítico mundial es más complejo y severo que nunca. A la prolongada guerra en Ucrania se suma el conflicto en Oriente Medio, que persiste desde hace más de un mes. Preocupaciones como el alza de los precios del petróleo y la inflación ante un posible bloqueo del estrecho de Ormuz representan una pesada carga para la economía de la población.
¿Qué lección podemos extraer de esto? Sin duda, la importancia de la paz. Independientemente del contexto, debemos reflexionar sobre cómo defender este valor en una realidad global marcada por guerras y conflictos. Como lo manifestó un veterano de la Guerra de Vietnam: "Incluso la peor de las paces es mejor que la mejor de las guerras".
La Administración de Lee Jae Myung, investida en junio del año pasado, ha heredado y desarrollado el espíritu del 27 de abril. Bajo la premisa de que "la seguridad más sólida es crear un Estado en el que no sea necesario luchar", el mandatario Lee ha priorizado la paz como valor supremo, impulsando una política de coexistencia pacífica en la que ambas partes prosperen juntas. Asimismo, ha promovido medidas proactivas y audaces para con el Norte a fin de hacer volver a la senda de la reconciliación y la cooperación unas relaciones intercoreanas que, durante la Administración anterior, quedaron estancadas en una confrontación de "fuerza contra fuerza". En el núcleo de esta estrategia reside un enfoque pragmático de "doble vía", que busca espacios para el diálogo mientras bloquea simultáneamente las provocaciones y la escalada de tensión.
Por supuesto, la situación actual es muy distinta a la de hace ocho años. A diferencia de los vientos de paz que soplaron tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang y desembocaron en la Cumbre de Singapur entre Corea del Norte y Estados Unidos, el fracaso de la Cumbre de Hanói al año siguiente provocó que el Norte cerrara las puertas al diálogo intercoreano. Posteriormente, la política de línea dura impulsada por el entonces presidente Yoon Suk Yeol sirvió de trasfondo para que el régimen de Kim Jong Un virara hacia una política de "dos Estados hostiles" entre sí. Corea del Norte ha roto sus vínculos con el Sur y ha reforzado su poder nuclear, al tiempo que estrecha su alianza con naciones socialistas como Rusia y China, posicionándolas como sustitutas de la relación con el Sur.
La cuestión fundamental es si la "teoría de los dos Estados" planteada por el Norte ha cerrado por completo las posibilidades de una relación intercoreana. En 1974, mediante una reforma constitucional, Alemania del Este descartó oficialmente el concepto de "nación alemana" y adoptó, de facto, la teoría de "dos naciones, dos Estados". Sin embargo, no cerró totalmente las puertas al diálogo y al intercambio con Alemania Occidental; al final, la unificación se materializó de la forma pacífica más inesperada. La historia nos enseña repetidamente que "incluso las puertas cerradas terminan por abrirse algún día".
En medio de esta dura realidad, ¿cómo debería el actual Gobierno abrir camino al diálogo? Se requiere una estrategia que no se obsesione con resultados a corto plazo, sino que construya una confianza duradera.
En primer lugar, se debe tener en cuenta la distensión militar en la península. La prioridad absoluta es restaurar canales mínimos de comunicación militar para evitar choques accidentales entre el Norte y el Sur. También es crucial mostrar que se tiene la voluntad para generar confianza mediante la restauración del Acuerdo Militar Integral (CMA, según sus siglas en inglés) firmado el 19 de septiembre de 2018, bajo la Administración Moon.
En segundo lugar, es necesario utilizar la cooperación humanitaria como catalizador del diálogo. Áreas como la prevención de desastres y enfermedades, la cooperación sanitaria y el uso compartido de ríos fronterizos son ámbitos que pueden impulsarse de forma independiente a las condiciones políticas. La asistencia humanitaria está permitida incluso bajo el marco de las sanciones internacionales; es necesario aprovecharla para establecer puntos de contacto.
En tercer lugar, se debe mantener un enfoque paralelo mediante la diplomacia multilateral. En un contexto donde el Norte rechaza el diálogo bilateral con el Sur, cobra importancia una "diplomacia de paz" que utilice a países vecinos como Estados Unidos, China y Rusia para transmitir mensajes indirectos y crear un entorno favorable. La clave reside en generar una estructura donde el diálogo intercoreano y las negociaciones entre Pyongyang y Washington se impulsen mutuamente, basándose en sólidas relaciones entre Seúl, Washington y Pekín.
En cuarto lugar, se deben respaldar activamente los intercambios civiles y el papel de la sociedad civil. Aunque los contactos a través de campos académicos, culturales y deportivos, así como mediante organizaciones religiosas y ONG, no son sencillos en la actualidad, no se debe detener la labor de "sembrar semillas" para el futuro.
Por último, se debe resolver el conflicto interno y ampliar el consenso social sobre la política para con el Norte. Se debe trabajar en aumentar la sostenibilidad de la política exterior mediante la creación de plataformas de cooperación público-privada o mecanismos de diálogo apartidistas que incluyan tanto al oficialismo como a la oposición. La voluntad colectiva por la paz será el pilar que sostenga la política de coexistencia pacífica.
La Declaración de Panmunjom del 27 de abril fue la manifestación del anhelo universal de una paz sin guerra en toda la península. Esa urgencia, lejos de desvanecerse ocho años después, se ha vuelto hoy más imperiosa. Por mucho que Corea del Norte insista en una política hostil de "dos Estados", no cambia la realidad geopolítica de compartir la misma tierra, el legado de miles de años de historia y cultura comunes, ni la identidad nacional de hablar el mismo idioma. No debemos frustrarnos por la situación inmediata. Nuestra tarea hoy, al conmemorar el 8º aniversario de la declaración, es no dejar de llamar a la puerta, aunque esta permanezca cerrada.
※ Con una trayectoria de décadas en el estudio de las relaciones intercoreanas y la política de Corea del Norte, el profesor Yang quien actualmente ejerce como profesor distinguido en la Universidad de Estudios Norcoreanos, también se desempeña como asesor del Consejo Consultivo de Paz y Unificación del Ministerio de Unificación, y como presidente de la Subcomisión de Planificación y Coordinación del Consejo Consultivo de Unificación Democrática y pacífica (PUAC).