Opinión

27.07.2026

El presidente Lee Jae Myung (derecha) y su homólogo de Mongolia, Ukhnaagiin Khurelsukh, se estrechan la mano durante la ceremonia oficial de bienvenida para el mandatario coreano, el 9 de julio, en la plaza Sukhbaatar de Ulán Bator, la capital de Mongolia

El presidente Lee Jae Myung (derecha) y su homólogo de Mongolia, Ukhnaagiin Khurelsukh, se estrechan la mano durante la ceremonia oficial de bienvenida para el mandatario coreano, el 9 de julio, en la plaza Sukhbaatar de Ulán Bator, la capital de Mongolia. | Cheong Wa Dae



Professor Song_s



Por Song Byeonggu

La diplomacia encabezada por un jefe de Estado es una cuestión de vida o muerte, una estrategia de supervivencia en medio de la rivalidad entre China y Estados Unidos y del auge del nacionalismo de los recursos. La visita de Estado del presidente coreano, Lee Jae Myung, a Mongolia, realizada del 9 al 11 de julio, constituyó la primera diplomacia al más alto nivel entre ambos países en 15 años.

Su viaje se considera un punto de inflexión cualitativo que aseguró una base para la seguridad del suministro de recursos en medio de la reestructuración de las cadenas mundiales de suministro y sistematizó la cooperación en materia de seguridad en el noreste de Asia. La declaración conjunta sobre la era dorada de las relaciones bilaterales, adoptada por ambos líderes, servirá como catalizador para elevar los vínculos a una asociación integral y estratégica.

La visita del presidente Lee demostró el pleno restablecimiento de los canales diplomáticos de alto nivel entre ambos países, al reanudar las visitas de Estado al nivel de cumbre tras una prolongada interrupción iniciada en 2011. Además, el mandatario coreano pronunció un discurso en la ceremonia de inauguración del Festival Naadam, la principal celebración nacional de Mongolia y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Fue el invitado de honor y el primer jefe de Estado coreano en recibir una invitación oficial con ese carácter. Además, la sintonía cálida e informal entre ambos mandatarios fue mucho más allá del mero protocolo diplomático.

Este trato sin precedentes puso de manifiesto el elevado nivel de confianza y el vínculo especial que el Gobierno y el pueblo de Mongolia mantienen con Corea, como socio. La conexión emocional forjada con los líderes de las estepas fue mucho más que una retórica diplomática; constituyó una sólida base afectiva y un activo intangible capaz de sostener firmemente una estrecha asociación incluso en medio de las turbulencias geopolíticas.

Los desafíos más importantes que enfrenta la economía coreana son la diversificación para reducir la excesiva dependencia de cadenas de suministro procedentes de determinados países y el fortalecimiento de la seguridad en el abastecimiento de recursos para sobrevivir a la competencia por la supremacía tecnológica. Para Corea, líder mundial en industrias de futuro como los semiconductores avanzados, las baterías secundarias y los vehículos eléctricos (VE), garantizar un suministro estable de minerales críticos es una cuestión de supervivencia. Desde esta perspectiva, el valor estratégico de Mongolia no tiene parangón.

El resultado más tangible y visible de esta visita de Estado es, sin duda, la institucionalización de la cooperación en las cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras procedentes de Mongolia. Al establecer una base independiente y estable para la cadena de suministro en el continente euroasiático frente a los intentos de determinados países de monopolizar y utilizar los recursos como instrumento de presión, Corea ha logrado un importante avance para fortalecer la competitividad futura de sus industrias. Para Mongolia, esto también supone la consolidación de un modelo económico de beneficio mutuo, al dejar atrás el papel de mero exportador de materias primas y transformar su estructura industrial hacia sectores de alto valor añadido, mediante la integración de sus recursos con las tecnologías e infraestructuras coreanas de fundición y procesamiento, reconocidas a nivel mundial.

En el ámbito diplomático y de seguridad, Mongolia ocupa una posición geográfica singular y de gran importancia estratégica. Aunque es un país sin litoral situado entre dos grandes potencias -Rusia y China-, es uno de los pocos mediadores tradicionales que históricamente ha mantenido sólidas relaciones diplomáticas con ambas Coreas. Ulán Bator también es un firme aliado que ha respaldado de manera constante la postura de Corea en los debates internacionales sobre la desnuclearización de la península coreana y el establecimiento de la paz. Asimismo, el Diálogo de Ulán Bator, un marco multilateral de seguridad impulsado por el Gobierno mongol, constituye un activo diplomático con capacidad para llevar a Corea del Norte nuevamente a la mesa de diálogo.

Desde el punto de vista geopolítico, resultó especialmente alentador que, durante su cumbre, el presidente Lee y su homólogo mongol, Ukhnaagiin Khurelsukh, reafirmaran su apoyo a la desnuclearización completa de la península coreana, y a la paz y estabilidad regionales, al tiempo que acordaron reactivar el marco de diálogo sobre seguridad del noreste de Asia.


Otro logro importante fue la ampliación del alcance diplomático y el fortalecimiento de la cooperación multilateral, al aprovechar a Mongolia como un eje estratégico en un contexto de crecientes riesgos para la seguridad en el noreste de Asia, derivados, entre otros factores, del fortalecimiento de los vínculos entre Corea del Norte y Rusia.

El exitoso viaje del presidente Lee a Mongolia armonizó perfectamente los tres pilares fundamentales de la diplomacia: los intereses económicos (diplomacia de los recursos), la cooperación en materia de seguridad (la paz en la península coreana) y la solidaridad cultural (su participación como invitado de honor en el Festival Naadam).

Sin embargo, más importantes que las declaraciones diplomáticas son la aplicación efectiva de los acuerdos y la capacidad de llenar esta incipiente "era dorada" de resultados concretos. En el futuro, las relaciones bilaterales deberán ir más allá de la cooperación en recursos y avanzar hacia un cambio integral de paradigma. Con ese objetivo, se plantean cuatro propuestas para obtener resultados prácticos.

La primera consiste en ampliar de manera integral la asociación en materia de energía verde. Las empresas coreanas deben ir más allá de los esfuerzos para combatir la desertificación y liderar el desarrollo de las energías renovables en Eurasia mediante su participación en la construcción de infraestructuras para recursos como la energía eólica y solar en Mongolia.

La segunda es poner en marcha una plataforma formal para formar a los jóvenes mongoles como futuros especialistas digitales mediante la transferencia de la infraestructura coreana en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), inteligencia artificial (IA) y conocimientos especializados en programas informáticos.

La tercera consiste en modernizar la infraestructura logística y de las cadenas de suministro en Eurasia. El apoyo a la modernización de los sistemas ferroviario, vial y aéreo de Mongolia permitirá al país acceder al mar y proporcionará a Corea una plataforma terrestre hacia Eurasia.

La cuarta tarea es institucionalizar los intercambios académicos y culturales sostenibles entre las nuevas generaciones: impulsar la investigación conjunta entre universidades y fortalecer el intercambio de personal consolidará las bases de una asociación sólida y duradera.

Corea llama a Mongolia la "tierra del cielo azul", mientras que Mongolia se refiere a Corea como la "tierra del arcoíris". Esto constituye una prueba evidente de la buena voluntad y la confianza que comparten ambas naciones. La visita de Estado del presidente Lee actuó como un nuevo catalizador que elevó esta relación de amistad a un nivel superior.

La tarea pendiente consiste en transformar estos resultados diplomáticos de carácter declarativo en mecanismos jurídicos e institucionales concretos, además de impulsarlos mediante la ampliación de intercambios autónomos y creativos en el ámbito privado. Cuando el potencial de Mongolia, representado por sus inmensas estepas, encaje perfectamente como un engranaje con la fortaleza de Corea, basada en su tecnología dinámica y de vanguardia, las relaciones bilaterales se convertirán en un eje central sólido y práctico para impulsar la paz y la prosperidad compartida en el noreste de Asia.

Song Byeonggu es profesor de la Facultad de Estudios Asiáticos y de Oriente Medio de la Universidad Dankook y director del Instituto de Estudios Mongoles de dicha universidad. También es presidente de la Asociación Coreana de Estudios Mongoles.


arete@korea.kr