El presidente coreano, Lee Jae Myung (segundo desde la izquierda), es recibido el 25 de agosto de 2025 (hora local) por su homólogo estadounidense, Donald Trump, tras llegar a la Casa Blanca en Washington D. C. | Agencia de Noticias Yonhap
Por Jun Bong-Geun
Investigador visitante del Instituto Sejong y presidente de la Sociedad de Política Nuclear de Corea
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló recientemente su intención de reanudar la diplomacia de cumbres con Corea del Norte al enviar mensajes conciliadores a Kim Jong Un. Este acercamiento ha desatado un intenso debate entre analistas y medios sobre los riesgos de un eventual diálogo. Los escépticos han advertido la posible marginación de Seúl en las negociaciones; del reconocimiento de facto de Corea del Norte como Estado poseedor de armas nucleares; del abandono de los esfuerzos de desnuclearización, y de la posibilidad de entablar un diálogo sobre desarme nuclear entre Washington y Pyeonyang.
Mantener el statu quo de la cuestión nuclear norcoreana equivale a una congelación. Este sería el peor escenario posible para Corea y Estados Unidos. Si continúa la política de hacer la vista gorda ante el programa nuclear norcoreano, Pyeonyang seguirá aumentando sus capacidades nucleares y de misiles y consolidará una capacidad de segundo ataque como potencia nuclear aún más poderosa. El presidente Lee Jae Myung ha señalado que Corea del Norte está produciendo suficiente material para fabricar entre 15 y 20 armas nucleares al año y que seguirá desarrollando su tecnología de misiles balísticos intercontinentales (ICBM, según sus siglas en inglés).
Si no se le pone freno, Corea del Norte entrará en una década en el grupo de los cinco países del mundo con mayor número de armas nucleares. Algunos expertos incluso prevén que Pyeonyang ocupará el cuarto lugar en esta categoría, después de Rusia, Estados Unidos y China. Además, si la condición nuclear de Corea del Norte se mantiene a largo plazo, la percepción del país como "Estado poseedor ilegal de armas nucleares" se desvanecerá para dar paso a su reconocimiento como "Estado nuclear de facto", al igual que la India o Pakistán, ambos poseedores de armas nucleares pese a no formar parte del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). Aunque las negociaciones sobre el programa nuclear norcoreano entrañan riesgos, el riesgo de mantener el statu quo —es decir, dejar el problema sin abordar— supone una amenaza mucho mayor.
Si los conocimientos técnicos nucleares de Corea del Norte mantienen su trayectoria de crecimiento y se intensifican la amenaza y la coerción nucleares dirigidas contra Corea del Sur y Japón, aumentarán las voces en ambos países que aboguen por desarrollar armas nucleares propias o desplegar armas nucleares tácticas estadounidenses en sus territorios.
El régimen mundial de no proliferación nuclear centrado en el TNP afrontará una crisis aún mayor, lo que amplificará los riesgos relacionados con la seguridad nuclear y con la transferencia al extranjero por parte de Corea del Norte de armas nucleares, tecnología y materiales nucleares. La feroz carrera armamentista entre las dos Coreas en medio de su tenso enfrentamiento militar podría entrañar el riesgo de que un enfrentamiento militar menor se convierta en una guerra a gran escala o, en el peor de los casos, desencadene el riesgo de un uso nuclear no intencionado.
La mejor respuesta para Seúl es la desnuclearización completa, verificable e irreversible de Pyeonyang. Sin embargo, la viabilidad de esta opción a corto y medio plazo se ha desplomado desde 2017, cuando Corea del Norte realizó su sexto ensayo nuclear y lanzó un misil ICBM de prueba, declarando la "culminación de la fuerza nuclear estatal".
En la era posterior a la Guerra Fría surgió una dinámica de bloques en el Nordeste Asiático, con Seúl, Washington y Tokio formando un grupo, y Pyenyang, Pekín y Moscú el otro, mientras la cooperación en materia de seguridad y los vínculos económicos entre estos últimos crecían. Por ello, las sanciones y la presión sobre Corea del Norte han ido perdiendo eficacia gradualmente. En consecuencia, Corea del Norte perdió interés incluso en el escenario "de segunda mejor opción" de obtener concesiones políticas y económicas recíprocas mediante negociaciones a cambio de una desnuclearización gradual.
En última instancia, la vía más realista para que Seúl avance hacia la desnuclearización consiste en reanudar gradualmente el proceso de desnuclearización de la península coreana y de construcción de la paz mediante la reanudación del diálogo entre Corea del Norte y Estados Unidos. El mejor punto de partida para ello es reafirmar la declaración conjunta firmada en 2018 en Singapur por el presidente Trump y Kim durante su primera cumbre. La declaración incluye todas las medidas que buscan Seúl y Washington, como la normalización de las relaciones entre este último y Pyeonyang, el establecimiento de un régimen de paz permanente y la consecución de una península libre de armas nucleares.
El problema es que Corea del Norte tiene ahora muchos menos incentivos para dialogar con Estados Unidos. Tras avanzar en sus conocimientos técnicos nucleares y reforzar su cooperación con China y Rusia, Corea del Norte ya no necesita las garantías de seguridad estadounidenses ni la ayuda económica surcoreana con la misma urgencia que antes. Por esta razón, las nuevas negociaciones requerirán incentivos y enfoques diferentes de los utilizados en el pasado.
La incómoda realidad es que Corea del Sur debe coexistir con una Corea del Norte dotada de armas nucleares en el futuro previsible, pero la prioridad debería ser suspender las actividades nucleares como paso inicial dentro de un nuevo enfoque hacia la desnuclearización. De ser necesario, Seúl también deberá ofrecer medidas políticas, diplomáticas y económicas recíprocas.
Dadas las graves realidades de seguridad en la península y en el Nordeste Asiático, el enfoque que Corea del Sur ha mantenido durante largo tiempo de "desnuclearización primero, régimen de paz después" debería dar paso a un método paralelo o incluso a una estrategia de "régimen de paz primero, desnuclearización después", que ofrezca una mayor viabilidad, pese a su carácter incómodo. La Administración Lee ha dejado de desempeñar un papel protagonista, como se reflejaba en la llamada "teoría del conductor de la península coreana", para adoptar un papel de "pacificador", respaldando así el papel protagonista del presidente Trump como "pacificador".
A medida que los conocimientos técnicos nucleares de Pyeonyang han avanzado de forma constante durante las últimas tres décadas, se prevé que sigan aumentando los costos diplomáticos y económicos que Seúl deberá asumir para lograr la desnuclearización de la península. Además, también está aumentando el gasto en defensa destinado a contrarrestar la amenaza nuclear. En última instancia, el costo de la desnuclearización siempre será menor hoy que mañana.
Ahora no es el momento de preocuparse por los riesgos o las posibles desventajas de una cumbre entre Corea del Norte y Estados Unidos. En cambio, Corea del Sur debe aunar esfuerzos y conocimientos, tanto a nivel interno como en coordinación con Estados Unidos, para determinar cómo aprovechar eficazmente las conversaciones con el fin de mantener una península libre de armas nucleares y una coexistencia pacífica, al tiempo que gestiona estos riesgos.
Jun Bong-Geun es un académico especializado desde hace décadas en la península de Corea, el programa nuclear de Corea del Norte y la no proliferación nuclear. Se ha desempeñado como secretario presidencial para la seguridad internacional, asesor de políticas del Ministerio de Unificación y profesor de la Academia Diplomática Nacional de Corea. Actualmente es investigador visitante del Instituto Sejong y presidente de la Sociedad de Política Nuclear de Corea.