El ministro de Asuntos Exteriores de Corea, Cho Hyun, interviene durante el Foro Mundial sobre Nuevas Amenazas a la Seguridad (WESF, por sus siglas en inglés), celebrado en septiembre de 2025, en Seúl. | Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea
Por Jun Bong-Geun
Investigador visitante del Instituto Sejong y presidente de la Sociedad de Política Nuclear de Corea
Las rivalidades de Estados Unidos con China y Rusia, que vienen cobrando fuerza desde principios de la década de 2020, han debilitado con rapidez el orden internacional pacífico y estable de la posguerra fría. El denominado "momento unipolar" liderado por la hegemonía estadounidense ha llegado a su fin, y el mundo ha entrado en una era de competencia por el poder, autosuficiencia y conflictos bélicos, en un contexto de creciente multipolaridad. El optimismo que, durante las 'ultimas tres décadas vislumbraba un mundo próspero gracias a la expansión de la globalización, el libre comercio y la digitalización, se ha desvanecido. Las nuevas tecnologías —como la inteligencia artificial (IA), los semiconductores, los drones, la ciberseguridad y la tecnología espacial— se han convertido en herramientas al servicio del bienestar y la prosperidad de la humanidad, al tiempo que constituyen activos estratégicos fundamentales e instrumentos bélicos en la contienda entre las naciones. La era del "DIME+T" ha comenzado plenamente, al integrar la tecnología en el esquema "DIME" (Diplomático, Informativo, Militar y Económico), considerado tradicionalmente como el conjunto de pilares del poder estatal.
Estas tecnologías presentan una doble faceta, portadora tanto de oportunidades como de riesgos. Si bien la IA aporta enormes beneficios a la generación de conocimiento, el diagnóstico de enfermedades, el desarrollo farmacológico, la prevención de desastres y el aumento de la productividad, en el campo de batalla maximiza la capacidad de destrucción letal y propicia decisiones bélicas en plazos tan breves que excluyen la deliberación ética y humana. De hecho, un estudio reciente que aplicó modelos de IA a la toma de decisiones en crisis nucleares planteó serias inquietudes en torno al riesgo del empleo de este armamento. El informe destaca que el tabú nuclear no limita de forma suficiente el juicio estratégico de la IA, lo que conduce a frecuentes amenazas atómicas y a decisiones orientadas al uso de armas nucleares. Es como si el escenario posapocalíptico de las películas se hubiera convertido súbitamente en realidad. Por su parte, los drones supervisan incendios forestales en zonas remotas y transportan suministros médicos con rapidez, pero también constituyen un medio barato y eficaz para neutralizar objetivos. Aunque las tecnologías espaciales proporcionan servicios públicos esenciales de comunicación, navegación y observación climática, también han transformado el espacio exterior en una nueva dimensión de conflicto bélico.
En un informe de las Naciones Unidas sobre desarme publicado en 2018, el secretario general António Guterres advirtió sobre esta problemática, al poner de manifiestó que el derecho internacional, las normas de desarme y las regulaciones gubernamentales iban muy a la zaga del ritmo de militarización impulsado por las nuevas tecnologías. Subrayó en particular que la IA, las armas autónomas y los drones podrían reducir el umbral para el uso de la fuerza al disminuir las bajas humanas propias y los costes políticos, socavando con ello el juicio y la responsabilidad humanos. Asimismo, señaló que las tecnologías cibernéticas, hipersónicas y espaciales amplificarían los riesgos de error de cálculo, escalada bélica e inestabilidad estratégica. También consideró que las nuevas tecnologías amenazan el régimen de no proliferación nuclear al rebajar las barreras de acceso a las armas avanzadas y de destrucción masiva. En consecuencia, Guterres insistió en restablecer el control humano sobre el uso de la fuerza, respetar las normas internacionales, reforzar la transparencia y la rendición de cuentas, y mantener la moderación en el desarrollo y adquisición de sistemas de armamento letales indiscriminados y excesivos. Asimismo, instó al establecimiento de nuevos marcos normativos internacionales, tanto políticos como jurídicos.
En definitiva, ante el uso dual de las nuevas tecnologías, el principal desafío no reside en prohibir la tecnología en sí, sino en mantener su aplicación militar dentro de los límites del control humano y de las normas internacionales. Para impedir que estas tecnologías se apliquen de forma indiscriminada e irresponsable en el desarrollo y empleo de armas autónomas y de destrucción masiva, resulta imprescindible establecer nuevos estándares de control de armamentos que garanticen la responsabilidad, la fiabilidad y la humanidad en el desarrollo y uso del armamento de nueva generación.
Corea, en particular, tiene un interés primordial en el desarrollo y uso de estas tecnologías. Al ser una potencia científica, tecnológica y comercial de primer orden, el futuro de su desarrollo nacional depende estrechamente de un empleo responsable de las las mismas, dado que se encuentra expuesto a la amenaza nuclear de Corea del Norte. Por consiguiente, evitar que estas tecnologías sirvan para desestabilizar la península coreana y la región constituye un asunto de seguridad directo para Corea, que aspira a consolidarse como una "potencia responsable a escala global". Con este fin, apoya activamente la contención de la militarización irresponsable de estas tecnologías, una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional en la actualidad.
En consonancia con este rol, Corea lanzó el Foro Mundial de Nuevas Amenazas a la Seguridad (WESF, por sus siglas en inglés) en 2021, contribuyendo de forma continuada a los debates normativos internacionales sobre tecnologías emergentes y los desafíos de seguridad contemporáneos. La sexta edición del foro, que se celebra en septiembre, centra su atención en el despliegue militar directo de las tecnologías observado en las guerras de Ucrania y Oriente Medio. Los debates abordan temas como la IA, los drones, la tecnología espacial en órbita terrestre baja, la disuasión nuclear y la estabilidad estratégica. Esta conferencia se inscribe como una prolongación natural de la diplomacia tradicional de Corea como potencia media y de su labor en materia de seguridad internacional.
En el mismo contexto, Corea acogió la Cumbre sobre Seguridad Nuclear de Seúl en 2012, contribuyendo significativamente al fortalecimiento de las normas internacionales de lucha contra el terrorismo nuclear, que en aquel momento constituía una gran amenaza emergente para la seguridad. Desde 2023, organiza la cumbre sobre el Uso Responsable de la Inteligencia Artificial en el Ámbito Militar (REAIM), liderando los debates en torno a la formulación de normas sobre la IA en el sector de la defensa. Además, durante su mandato como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (2024-2025), presidió un debate abierto centrado en la ciberseguridad.
Para dar continuidad a esta vocación diplomática, Corea propone transformar el Foro Mundial sobre Nuevas Amenazas a la Seguridad en el "Proceso de Seúl sobre Nuevas Amenazas a la Seguridad", destinado a forjar nuevas normas internacionales en este campo. En plena era del "DIME+T", para que Corea consolide su papel como potencia global responsable, no basta con ser un referente tecnológico tradicional; debe erigirse en un actor clave capaz de liderar la formulación de las reglas del juego internacional. Este es el nuevo rol global que el país debe asumir en la era de la nueva seguridad para defender y proyectar sus intereses nacionales.
Jun Bong-Geun es un académico especializado desde hace décadas en la península de Corea, el programa nuclear de Corea del Norte y la no proliferación nuclear. Se ha desempeñado como secretario presidencial para la seguridad internacional, asesor de políticas del Ministerio de Unificación y profesor de la Academia Diplomática Nacional de Corea. Actualmente es investigador visitante del Instituto Sejong y presidente de la Sociedad de Política Nuclear de Corea.