El presidente Lee Jae Myung pronuncia un discurso en la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada el 22 de septiembre (hora local) en Nueva York, EE.UU. | Agencia de Noticias Yonhap
Por Hong Hyun-ik
Secretario general de la Comisión Nacional Coreana para la Unesco
Una visión de liderazgo global responsable basada en la paz, la contribución y la solidaridad
En un contexto internacional marcado por una creciente marea de unilateralismo y fragmentación en bloques antagónicos, Corea ha dado un paso al frente para sentar las bases de la paz y la prosperidad en la península coreana, promoviendo alianzas multilaterales que afiancen su proyección como potencia global responsable.
Del 21 al 27 de septiembre, el presidente Lee Jae Myung llevó a cabo una intensa gira diplomática que incluyó su intervención ante el 81º sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, la celebración de una cumbre bilateral con su homólogo estadounidense Donald Trump, y una visita de Estado a México. A lo largo del periplo, el mandatario desplegó una diplomacia pragmática orientada a la consolidación de la paz regional, el cumplimiento de los compromisos de Seúl ante los grandes desafíos globales, la reconfiguración de la alianza con Washington y el fortalecimiento de la cooperación internacional tanto a escala bilateral como multilateral.
Más allá de la seguridad y el comercio tradicional, la gira sobresalió por articular un frente común en torno a la paz, la tecnología, la solidaridad global, el multilateralismo y los intercambios culturales y humanos.
La iniciativa de paz para la península y la cooperación multilateral ante la ONU
Durante su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Lee situó como objetivo prioritario poner fin al histórico estado de guerra en la península y culminar la transición hacia un régimen de paz duradero. Para ello, articuló su hoja de ruta en torno a tres principios rectores fundamentados en el respeto mutuo a los respectivos sistemas políticos y el reconocimiento de las divergencias: "coexistencia inclusiva", "coexistencia estable" y "coexistencia responsable".
El mandatario planteó una fórmula realista orientada a reanudar a la mayor brevedad el diálogo entre Washington y Pyeongyang, facilitando a su vez un marco de concertación a cuatro bandas entre las dos Coreas, Estados Unidos y China. De manera particular, expuso ante la comunidad internacional un enfoque por etapas consistente en congelar y restringir las capacidades nucleares y balísticas de Corea del Norte como llave para reabrir las negociaciones, en aras de avanzar en el largo plazo hacia la desnuclearización y un tratado de paz definitivo. En este proceso, Corea se postuló formalmente como "intermediario" para reactivar las conversaciones entre la Casa Blanca y el régimen norcoreano.
Asimismo, el mandatario proclamó la voluntad de Corea de asumir plenamente sus deberes globales como potencia tecnológica a través de tres ejes enmarcados en la "Iniciativa K". Al proponer el proyecto de una "sociedad básica global para la inteligencia artificial (IA)" —orientada a la inclusión y al bienestar colectivo—, la transición ecológica frente a los desafíos comunes de la humanidad y la articulación de alianzas para las cadenas de suministro energético, afianzó el perfil del país como un actor internacional responsable.
Esta última propuesta, concebida como una "coalición de países de contribución constructiva", se interpreta a su vez como una salida estratégica idónea: permite reforzar la seguridad logística global sin ceder directamente a las presiones de Washington para el despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz. Al apelar a la acción concertada de la comunidad internacional ante retos críticos como la IA, la emergencia climática y la inestabilidad geopolítica, Corea proyectó con solvencia su condición de Estado referente.
Cumbre Corea-Estados Unidos: confianza estratégica y reconfiguración de la alianza
El encuentro bilateral celebrado en Nueva York permitió reencauzar la relación entre ambas naciones, afectada previamente por retrasos en las inversiones coreanas en suelo estadounidense. Además de estabilizar el vínculo, ambos líderes sentaron los cimientos para transformar la histórica alianza de seguridad en una asociación estratégica de futuro centrada en sectores punteros: alta tecnología, cadenas de suministro, energía nuclear, construcción naval y capacidades conjuntas de defensa.
Tomando como base la declaración conjunta pactada el año anterior, Lee y Donald Trump acordaron profundizar la colaboración en expedientes de alto calibre técnico y estratégico, entre ellos el suministro de combustible para submarinos de propulsión nuclear, los procesos de enriquecimiento y reprocesamiento, la cooperación en la industria naval y la pronta transferencia del control operativo (OPCON, por su acrónimo en inglés) en tiempos de guerra. Por su parte, el presidente estadounidense ratificó su disposición al diálogo con Corea del Norte.
La ratificación de la confianza mutua entre ambos mandatarios —con gestos como la reiteración del compromiso de mantener un encuentro informal de golf— devolvió la previsibilidad a la alianza bilateral. Esta posición de solidez otorga a Corea un margen de maniobra exterior más amplio para diversificar sus vínculos con otros socios clave como China, Japón, la Unión Europea y el Sur Global.
Visita de Estado a México: fortalecimiento de la asociación estratégica bilateral
La visita de Estado a México representó un punto de inflexión para la diplomacia coreana en América Latina. Hacía 16 años que un presidente del país asiático no realizaba un viaje oficial de este nivel. Ambos mandatarios —coincidentes en un enfoque pragmático de la política— mostraron una sintonía clara en principios clave: apostar por los foros multilaterales, resolver los conflictos de forma pacífica y defender la soberanía de sus Estados.
Esta coincidencia no es casual. Ambas naciones buscan mantener una relación estable y cercana con la Administración de Donald Trump, sin renunciar a su autonomía diplomática y económica. Durante la cumbre bilateral, ambos Gobiernos abordaron temáticas como la IA, el comercio, la defensa, los hidrocarburos, las energías limpias y los proyectos culturales.
En un momento de incertidumbre económica global, ambos mandatarios reconocieron la necesidad de facilitar las inversiones mutuas y proteger sus cadenas de producción compartidas. Además, el interés social no quedó al margen: se impulsaron proyectos de infraestructura verde y se acordó potenciar los intercambios educativos y turísticos, respaldados por la gran popularidad que vive la cultura coreana en suelo mexicano.
Como fruto tangible del encuentro, las delegaciones firmaron 17 acuerdos bilaterales. Entre ellos destacan el "Plan de Acción Conjunto Corea-México 2026-2030" y la creación de un comité especial para cooperar en minerales críticos, además de convenios en los sectores aeroespacial, financiero y militar. Otro gran hito fue la firma de la enmienda del Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI), cuyas negociaciones se habían prolongado durante siete años.
Hacia un liderazgo global responsable
La gira diplomática puso de relieve el liderazgo de Corea en favor de la paz, la prosperidad compartida y la innovación global. Trazar una vía clara hacia la distensión en la península coreana, asumir compromisos firmes relacionados con la IA y la transición ecológica, blindar la alianza con Estados Unidos y afianzar la asociación estratégica con México representan activos decisivos que consolidan al país como un actor global responsable.
El reto inmediato será convertir los consensos políticos con Washington en medidas prácticas y avanzar en sus compromisos multilaterales. Frente a los desafíos comunes de la comunidad internacional, la continuidad de una diplomacia pragmática centrada en el interés nacional resultará determinante para avanzar con paso firme hacia un horizonte de paz, integración y estabilidad regional.
※Hong Hyun-ik, actual secretario general de la Comisión Nacional Coreana para la Unesco, inició su labor de investigación en 1997 en el Instituto Sejong, donde se especializó en seguridad nacional y estrategia estatal, abordando la cuestión nuclear de Corea del Norte, la alianza Corea-EE. UU., las relaciones con Rusia y el sistema de paz peninsular. Asimismo, fungió como rector de la Academia Diplomática Nacional de Corea (KNDA) y lideró la división de seguridad y exteriores del Comité de Planificación Estatal.