El presidente Lee Jae Myung posa junto a los mandatarios de Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán durante la primera cumbre multilateral entre Corea y los países de Asia Central, celebrada el 16 de septiembre en un hotel de Seúl. De izquierda a derecha: el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoyev; el presidente tayiko, Emomali Rahmon; el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokaév; el presidente coreano Lee Jae Myung; el presidente kirguís, Sadyr Zhaparov, y el presidente turkmeno, Serdar Berdimuhamedow. | Cheong Wa Dae
La primera cumbre entre Corea y cinco naciones de Asia Central —Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán—, celebrada del 14 al 16 de septiembre en Seúl, ha marcado un punto de inflexión decisivo al cualificar el alcance de los vínculos bilaterales.
El avance más destacado radica en la consolidación de la estructura de gobernanza. El foro de cooperación, hasta ahora de rango ministerial, se se elevó al nivel de cumbre, inyectando un impulso político renovado. El compromiso de celebrar este encuentro con carácter bienal y rotatorio garantiza su sostenibilidad sobre una base de reciprocidad. A ello se suma la creación de una reunión de ministros de Industria y un encuentro de viceministros (SOM), mecanismos que permitirán dar seguimiento estricto al cumplimiento de los acuerdos —en particular sobre minerales estratégicos— y evaluar periódicamente sus avances.
Otro logro alcanzado es la diversificación de la agenda común. En el plano de la seguridad económica, se ha afianzado la cooperación gracias al acuerdo para articular una cadena de valor integral y de beneficio mutuo en torno a los minerales críticos, aunando las abundantes reservas de uranio, litio y tierras raras de Asia Central con la avanzada capacidad técnica de procesamiento y manufactura de Corea. Asimismo, la inteligencia artificial (IA), motor indispensable del crecimiento venidero, se ha incorporado como un eje prioritario en la cooperación, abarcado su implementación en diversas áreas como la creación de ciudades inteligentes, la digitalización logística y la movilidad aérea del futuro.
Asimismo, destacan las iniciativas orientadas a mitigar los riesgos de la inversión privada. Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán han puesto en marcha oficinas de atención directa, a través de las cuales altos funcionarios canalizan y resuelven las dificultades de las empresas sobre el terreno. Por su parte, la firma de un acuerdo bilateral de garantía de inversiones con Turkmenistán fortalece la seguridad jurídica para proyectos de plantas industriales de gran envergadura y a largo plazo.
De igual forma, se prevé una ampliación sustancial del círculo virtuoso de talento y transferencia de conocimiento. Con el fin de que los profesionales centroasiáticos asimilen los conocimientos y las prácticas industriales coreanas y lideren la modernización productiva en sus respectivos países, se vinculará la capacitación técnica con la transferencia tecnológica. El intercambio de perfiles dejará de limitarse a estudiantes u operarios para dar cabida a investigadores, empresarios y funcionarios públicos. En esta línea, Kazajistán albergará el Kaz-AIST —instituto concebido bajo el modelo del prestigioso KAIST coreano—, mientras que Uzbekistán activará un programa de formación especializado a través de su centro de metales raros, sentando así las bases para desplegar los estándares y el ecosistema tecnológico de Corea a lo largo de toda Asia Central.
Desafíos y tareas pendientes
En primer lugar, resulta prioritario ampliar los fondos y mecanismos de respaldo financiero. A diferencia del fondo de la Franja y la Ruta de China o del compromiso de inversión de tres billones de yenes asumido por Japón, Corea carece de un fondo público de financiamiento normativo orientado a esta escala regional. Conviene considerar la creación de fondos multilaterales —al estilo de los fondos de cooperación Corea-ASEAN o Corea-Mekong— y articular paquetes conjuntos que combinen estudios de viabilidad y planes directores no reembolsables con créditos blandos del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Económico (EDCF). Paralelamente, es imprescindible estrechar la coordinación con bancos multilaterales de desarrollo, como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo (BAsD).
En segundo lugar, se requiere formular una visión integral para conectar el tejido productivo nacional con los grandes corredores logísticos euroasiáticos, en especial la TITR. Hasta el momento, Corea se ha concentrado en el transporte bilateral de materias primas y en contratos aislados, adoleciendo de una estrategia logística regional de largo alcance. Conviene subsanar este vacío participando activamente en la digitalización de las redes de transporte, así como en el desarrollo de terminales portuarias clave y sus áreas logísticas interiores.
Por último, urge institucionalizar una gobernanza colaborativa en múltiples niveles. China cuenta con una secretaría permanente para sus cumbres y trece instancias de concertación ministerial. Aunque Corea ha fortalecido su andamiaje mediante la reunión ministerial de Industria y el encuentro de altos funcionarios, se debe establecer una secretaría técnica permanente para supervisar de forma continua las resoluciones pactadas. Asimismo, para dinamizar la cooperación descentralizada entre gobiernos locales, convendría instaurar una oficina permanente en el seno de la Asociación de Gobernadores de Corea, para gestionar de forma integrada estas iniciativas.
Asia Central ha dejado de ser un mero mercado emergente o un simple reservorio de recursos naturales: en un tablero internacional en plena reconfiguración, se erige en un socio estratégico clave para Corea. La primera cumbre entre Corea y Asia Central ha sentado las bases de un marco cooperativo de mayor solidez y ambición, y el reto actual radica en transformar esos compromisos en proyectos tangibles, sostenibles y de mutuo beneficio.
※Eom Gu-ho, profesor distinguido de la Escuela de Posgrado de Estudios Internacionales de la Universidad Hanyang y especialista en Eurasia, Rusia y Asia Central, ejerce actualmente como asesor de la Oficina de Seguridad Nacional de Cheong Wa Dae y presidente del Instituto de Políticas Eurasiáticas de Corea.