Cultura

17.04.2026

La 48ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco se celebrará en julio en Busan, Corea. Será la primera vez que dicho encuentro tenga lugar en el país. En este contexto, Korea.net presenta seis de los doce bienes que forman parte de la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco en Corea.




Por Margareth Theresia
Fotografías: Lee Jeong Woo
Video: Park Daejin


El patrimonio budista de Corea ha cautivado al mundo con la majestuosidad y refinamiento de lugares como la gruta Seokguram, el templo Bulguksa o la Tripitaka Coreana del templo Haeinsa. Sin embargo, en el condado de Hwasun-gun, provincia de Jeollanam-do, al sur de la península coreana, existe un legado budista que rompe con todos estos moldes: el conjunto de estatuas budas y pagodas de piedra del templo Unjusa de Hwasun, incluido en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco en 2017.

El templo Unjusa se distingue del resto por su sencillez y el humor popular que transmite, alejados del marco de los templos tradicionales. En el recinto se conservan en un estado relativamente íntegro la cantera de donde se extrajo la piedra utilizada para elaborar las estatuas y pagodas, así como las huellas de su transporte. Su valor académico es único, pues permite conocer de primera mano todo el proceso de producción del arte budista de hace mil años. La concentración de pagodas de estilos distintos en un mismo espacio no tiene parangón en el mundo.

La esencia del templo Unjusa reside en su capacidad de integrar distintos sistemas de creencias. Las diversas estatuas y pagodas de piedra construidas entre los siglos X y XVI, junto con las piedras de las siete estrellas, vestigio del culto a las constelaciones, reflejan una cosmovisión singular en la que el taoísmo, la veneración de los astros y las creencias populares se fusionan con el budismo. La concentración de tan variadas tradiciones religiosas en un solo templo es sumamente infrecuente incluso en el este de Asia, lo que explica el alto valor que se reconoce a Unjusa como patrimonio de la humanidad.

La estatua del 'Buda reclinado', una colosal figura yacente sobre una colina al oeste del valle del templo Unjusa.

La estatua del 'Buda reclinado', una colosal figura yacente sobre una colina al oeste del valle del templo Unjusa.



El uso del terreno también resulta singular. El templo se asienta a lo largo de un suave valle de montaña, a unos 100 metros de altitud, en el curso alto del arroyo Daechocheon, afluente del río Yeongsangang. La disposición de pagodas y budas de piedra en hilera a lo largo de las crestas a ambos lados del valle, que se extiende de norte a sur, es el resultado de un planteamiento creativo que aprovecha al máximo el terreno natural.

La fecha exacta de fundación del templo se desconoce. Se estima que alcanzó su mayor esplendor entre mediados y finales de la dinastía Goryeo (918-1392). Tras una reconstrucción a finales del siglo XV, el templo fue abandonado durante los conflictos de la invasión japonesa de la península coreana (1592-1598). A partir de una pequeña restauración a mediados del siglo XIX, el conjunto fue sometido a varias intervenciones de conservación y restauración a lo largo del siglo XX hasta alcanzar su forma actual.

En la actualidad, el lugar alberga unos 141 restos de pagodas de piedra y unas 115 estatuas de buda, entre estructuras completas y piezas incompletas o dañadas.

Las más de 70 estatuas de piedra dispersas entre montes y campos varían considerablemente en tamaño, desde unas pocas decenas de centímetros hasta más de 10 metros de altura. Sus formas planas y austeras, así como las proporciones algo irregulares de las figuras humanas, ilustran bien las características de la escultura budista provincial de la época Goryeo.

Las pagodas tampoco dejan de sorprender. Sus formas y motivos decorativos son sumamente variados, y el número de pisos, tres, cinco o siete, no sigue ningún patrón fijo. Diseños como pagodas sobre bases circulares o estructuras que recuerdan discos apilados las diferencian claramente de las pagodas budistas de piedra convencionales.

El emblema del templo Unjusa es el colosal Buda reclinado situado en una colina al oeste del valle. Con unos 12 metros de longitud y 10 de anchura, esta estatua en postura completamente yacente es un caso excepcional incluso en Corea. La leyenda que dice "el día en que este buda se levante, nacerá un nuevo mundo" transmite los profundos anhelos del pueblo que habitó este lugar hace mil años.


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Las piedras de las siete estrellas son un ejemplo de la integración del culto a la constelación de la Osa Mayor, de origen taoísta, con el budismo en el espacio del templo.



margareth@korea.kr

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