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Columna

Una solución a las recurrentes crisis nucleares del Norte y la configuración de un régimen de paz


Por Jun Bong-Geun
Profesor de la Academia Diplomática Nacional de Corea

El presidente del Comité de Asuntos de Estado de Corea del Norte, Kim Jong Un, condenó el pasado 28 de diciembre del 2019 a Estados Unidos por violar un acuerdo bilateral en un discurso ante el Comité Central del gobernante Partido de los Trabajadores. Kim advirtió sobre el regreso a las “medidas positivas y ofensivas” y la presentación de un “nuevo programa estratégico de armas”. Esto dio lugar a la posibilidad de otra crisis nuclear de Corea del Norte en la península coreana como la de 2017.

Cuando Corea del Norte y Estados Unidos celebraron en junio de 2018, su primera cumbre bilateral en Singapur, se esperaban grandes avances en el proceso de desnuclearización del Norte y el establecimiento de la paz en la península coreana. Sin embargo, desde su segunda cumbre bilateral, celebrada a principios del año pasado en Hanoi, no ha producido ningún acuerdo y las posteriores conversaciones a nivel de trabajo en Estocolmo se interrumpieron. El proceso de desnuclearización sigue estancado, y como su resultado, las tareas de Seúl en 2020 son evitar otra crisis nuclear del Norte y reiniciar el proceso de paz.

El potencial para otra crisis nuclear y el colapso de un acuerdo sobre el programa nuclear del Norte no son nada fuera de lo común para la península coreana. Más bien, la atmósfera en la región es más de déjá vu, debido a las similitudes de la situación con las siete crisis nucleares menores o mayores que involucraron al Norte durante las últimas tres décadas, según mi propio cálculo aproximado. Como tal, los acuerdos sobre las armas nucleares del Norte se han concluido y luego se han roto. Cada vez que se repite este ciclo, la crisis, ya que sea grande o pequeña, resulta en una realidad peor y una mayor desconfianza entre las dos Coreas y entre Corea del Norte y Estados Unidos. Mientras tanto, el Norte ha seguido desarrollando su capacidad nuclear.

Aunque Corea del Norte nunca podría ser reconocida como un estado con armas nucleares en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPI, por sus siglas en inglés), una conclusión inevitable es que el Norte es un “estado con armas nucleares”. Seúl y Washington han utilizado numerosos recursos diplomáticos para la desnuclearización de Pyeongyang, pero no la han logrado. Por lo tanto, en el período previo a la inminente perspectiva de una nueva crisis nuclear, se necesita una discusión sobre los enfoques anteriores de este problema para evitar más pruebas y errores.

La crisis nuclear de 2017 provocó una gran controversia sobre la política hacia las armas nucleares del Norte. En ese momento las cinco principales opciones de política presentadas fueron: 1) paciencia estratégica basada en la presión de las sanciones; 2) equilibrio del miedo mediante el refuerzo de la disuasión nuclear; 3) coexistencia con el nuclear del Norte; 4) desnuclearización forzada mediante cambio de régimen o medidas militares y 5) establecimiento de un régimen de paz.

La administración de Obama adoptó la primera opción de “paciencia estratégica” pero fracasó y, en consecuencia, permitió al Norte aumentar su capacidad nuclear. La segunda opción se trata de la última restante que debemos tomar cuando la diplomacia nuclear con el Norte es completamente fracasada. Esta opción implicará vivir con miedo tanto de las armas nucleares como de la amenaza de guerra. La coexistencia es inaceptable porque esto requeriría el reconocimiento y la aceptación de Seúl de las armas nucleares de Pyeongyang y obligaría al pueblo surcoreano a vivir con el temor diario de esta amenaza nuclear. El cuarto, la “desnuclearización forzada” ha sido propuesta desde la década de 1990, sin embargo sus posibilidades de adopción son bajas debido al alto riesgo de que estalle la guerra.

La administración de Moon Jae-in, que asumió el cargo desde 2017, seleccionó la quinta opción de “establecimiento de un régimen de paz”.

Esta opción es la más realista y la que vale la pena seguir, ya que las otras cuatro opciones conllevan una mayor posibilidad de guerra y una baja posibilidad de adopción. La construcción de un régimen de paz debe hacerse simultáneamente con la desnuclearización del Norte. Sobre todo, las relaciones hostiles entre las dos Coreas y entre el Norte y Estados Unidos deben terminar porque estos sirvieron como los dos pilares principales de la estructura política de la Guerra Fría en la península. En cambio, se necesitan vínculos normalizados entre ambas Coreas y entre Pyeongyang y Washington. Con los esfuerzos hacia la creación de un régimen de paz impulsado políticamente, la finalización legal de un proceso de paz es posible meidante una declaración formal del fin de la Guerra de Corea y la conclusión de un tratado de paz.

A pesar del estancamiento de diálogos entre Corea del Norte y Estados Unidos y su posible efecto de regresión en las relaciones intercoreanas, el presidente Moon Jae-in hizo comentarios adecuados de que buscaría una mejora en la cooperación intercoreana para encontrar un avance tangible para el problema.

Esto se debe a que los proyectos cooperativos de ambos lados pueden servir como una alternativa maravillosa para superar los problemas incurridos en procesos anteriores de resolución de problemas intercoreanos a través de una mejora en las relaciones entre Pyeongyang y Washington. Tales proyectos incluyen la reanudación de los recorridos por el pintoresco Monte Geumgangsan del Norte, la reapertura del complejo industrial intercoreano de Gaeseong y el desarrollo conjunto de la zona desmilitarizada.

A principios de este año, Corea del Norte mencionó la posibilidad de desarrollar armas estratégicas para encender potencialmente otra crisis nuclear. Como respuesta, la clave es evitar esta crisis y reanudar el diálogo sobre desnuclearización y el proceso de paz. Con este fin, ambas Coreas deberían celebrar una cumbre y Estados Unidos también debería celebrar una con el Norte. La desnuclearización, la noramalización de los lazos entre Pyeongyang y Washington, y una estructura de paz permanente en la península, acordadas por el Norte deben ser presionadas simultáneamente.

Jun es profesor del Departamento de Estudios de Seguridad y Unificación del Instituto de Asuntos Exteriores y Seguridad Nacional (IFANS, por sus siglas en inglés), un grupo de expertos de la Academia Diplomática Nacional de Corea.

Traducido por Song Baleun, redactora de Korea.net.

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