Por la reportera honoraria Chiquinquirá Del Valle Natera Moya de Venezuela
Fotografías: Chiquinquirá Del Valle Natera Moya de Venezuela
En un mundo interconectado, donde las distancias se acortan digitalmente, existe un puente cultural silencioso y poderoso: el hangeul. Este no es solo un sistema de escritura; es la encarnación de una filosofía y una expresión de identidad coreana que, con una elegancia única, ha encontrado su camino en los corazones de entusiastas en todos los rincones del globo.
Bajo esa premisa, hoy comparto una experiencia íntima y a la vez universal: mi participación en el "Concurso de Foto y Video Hangeul 2025", auspiciado por el prestigioso Museo Nacional del Hangeul. En este certamen, tuve el honor de recibir el Primer Premio de Oro por mi fotografía titulada "The Hangeul I Wear" (El hangeul que llevo puesto).
La imagen captura las obras ganadoras del 'Concurso de Foto y Video Hangeul 2025', durante su exhibición al público en el Museo Nacional del Hangeul, en Seúl.
Hangeul en la tela del mundo
El concurso no buscaba simplemente imágenes estéticamente placenteras, sino que su convocatoria nació como un llamado mucho más profundo y poético. Se propuso celebrar cómo este alfabeto —creado bajo la ciencia y la filosofía humanista del Rey Sejong el Grande— ha logrado trascender su función lingüística para convertirse en un icono cultural global. A partir de este concepto, el certamen buscó que cada participante reflejara cómo el hangeul se "viste", se "habita" y se "vive" en los rincones más diversos del mundo.
¿Cómo se entrelazan estas letras, que simbolizan la unión del cielo, la tierra y el ser humano, en ciudades como Buenos Aires, París, El Cairo o incluso en Venezuela? Esta fue la pregunta que me planteé al postularme, y la respuesta me resultó fascinante. Al recorrer las obras de otros participantes, descubrí que el hangeul se encuentra en la caligrafía que decora una cafetería en Madrid, en la portada del cuaderno de un estudiante en Yakarta o en el grafiti de un barrio bohemio en Ciudad de México. Esta recopilación de miradas es un testamento de cómo Corea ha logrado una hazaña extraordinaria: exportar no solo productos, sino un concepto de belleza, inteligencia y accesibilidad que resuena universalmente.
Un objeto sentimental como símbolo global
La fotografía con la que participé no captura un paisaje majestuoso ni un momento de gran espectáculo. Enfoca algo mucho más personal y cotidiano: un pasador para el cabello con un significado profundo. Es un regalo atesorado de mi hermana, quien me lo trajo de uno de sus viajes. Sobre su superficie, elegantemente grabada, descansa la palabra coreana "감정" (gamjeong), que se traduce como "sentimiento" o "emoción".
Usarlo a diario se convirtió en un ritual lleno de capas. Más allá de ser un recordatorio tangible del amor y la conexión familiar, este objeto adquirió para mí una "segunda alma" como estudiante de coreano. Se transformó en una forma personal de mantener el
hangeul cerca e integrar su belleza en mi vida diaria, permitiéndome llevar conmigo no solo un adorno, sino un fragmento de la cultura que tanto admiro. Es, en esencia, la materialización de cómo el idioma coreano puede dejar los libros y las pantallas para habitar nuestros objetos, nuestra moda y, por ende, nuestra existencia más íntima.
Imagen ganadora del 'Premio de Oro' del 'Concurso de Foto y Video Hangeul 2025'.
Una puerta que se abre
Recibir la notificación del "Premio de Oro" fue una emoción indescriptible. Más allá de la alegría personal, me invadió una profunda gratitud hacia el Museo del Hangeul por valorar estas expresiones íntimas de conexión cultural. Sentí, sobre todo, un inmenso agradecimiento al ver que mi interpretación del idioma —entendido como un compañero cotidiano y un amuleto sentimental— logró resonar con el espíritu de este encuentro global.
Este concurso ha dejado una lección clara: el
hangeul ya no pertenece solo a Corea. Pertenece a todos los que encuentran en él inspiración o un puente hacia un nuevo entendimiento. Es un regalo de Corea, que el mundo recibe con gratitud y devuelve reinterpretado, enriquecido con sus propias historias y sentimientos. El museo, como guardián de este patrimonio, comprende que la mejor manera de honrarlo es mostrar su vitalidad presente. Al auspiciar este certamen, promueve una cooperación internacional basada en el aprecio mutuo, reconociendo que el valor de una nación también se mide por su capacidad para inspirar y conectar vidas diversas.
Para mí, este premio es un compromiso renovado de seguir explorando y compartiendo. De seguir portando el alfabeto no solo en mi cabello, sino en mi mirada y en mi escritura. El
hangeul que llevo puesto es ligero, pero su significado es inmenso. La palabra "감정" es hoy un microcosmos de este fenómeno: lleva el afecto de mi hermana, mi pasión por el idioma y, ahora, el reconocimiento compartido por una institución internacional.
Al final, cada letra que integramos en nuestra vida es un hilo en un tejido global cada vez más unido. Cuando alguien decide aprenderlo o integrarlo en su arte, está realizando un acto de apreciación profunda, diciendo en silencio: "Valoro la esencia de tu cultura lo suficiente como para hacerla parte de mi mundo".
shong9412@korea.kr
Este artículo fue escrito por una reportera honoraria de Korea.net. Nuestro grupo de reporteros honorarios es de todo el mundo y trabaja para compartir su afecto y entusiasmo hacia Corea.